Aunque esté escrito en el escaparate: “esto no es un espejo”, queda claro que todo cristal que refleja figuras es susceptible de llamarse como tal, o incluso un charco de agua clara donde, por ejemplo, se reflejó la cara de un joven griego, de nombre Narciso, el cual, según el mito, se ahogó cuando quiso abrazarse a su imagen.
Mi amigo François, que vive en Londres, aparte de ser amante del mar y del campo, es un gran urbanita que disfruta paseando por las calles de la cosmopolita capital inglesa, la cual puede reconocerse simplemente viendo la guagua roja de dos pisos que se refleja detrás de la imagen del fotógrafo. Son tantas las tiendas que hay en Londres y tan estupendos sus escaparates que él siente el impulso de sacarles fotos a todos, como a éste donde vemos figuras geométricas y su imagen reflejada en dos segmentos,
… o este otro en el que parece metido dentro de la misma pecera a la que está fotografiando, con peces preciosos y artificiales llenos de colorido que simulan estar nadando dentro del receptáculo en el que se encuentran.
El caso es que lo que él hace: sacar fotos a los escaparates y salir reflejado en la imagen, como se puede ver en todas las instantáneas que se exponen en este reportaje, se llama “vitrine selfie”, influido tal vez por grandes pintores como Rafael, Miguel Ángel o el mismo Velázquez, el cual, en Las Meninas, aparece auto retratado en plena faena, de pie, con una paleta de pinturas en la mano izquierda y un pincel en la derecha.
La palabra inglesa “vitrine” significa escaparate, y “selfie”, como todos sabemos, significa auto foto, de la misma manera que se llama auto retrato a la figura del pintor que se pinta a sí mismo. Prácticamente todo el mundo dice: me voy a hacer un selfie, y cada día es mayor el número de anglicismos que se emplean en español, usados en frases como: tienes mucho flow, me saqué un billete low cost, debo mirar mi timing, qué cool, fuerte crack, no me hagas spoiler, y un largo etcétera que nos indica lo funcional y específico que es el inglés, el cual consta de seiscientas mil palabras, la mayoría monosílabos que en algunos casos suenan como onomatopeyas, frente a las aproximadamente cien mil que conforman el español. Pocas comparado con el árabe, una macro lengua de la familia semítica, que tiene la friolera de doce millones de palabras. ¡Mi madre!
Volviendo a la actividad de mi amigo François, que es un fotógrafo extraordinario, les muestro ahora otra foto que sacó a la hermosa ventana de una casa, no al escaparate de una tienda, donde se refleja una composición en la que todos los elementos se complementan. Y es en una de las velas de un velero que navega por un canal que no se ve, donde aparece camuflada su imagen. La luz y las sombras juegan un papel primordial en esta fotografía:
![[Img #12622]](https://infonortedigital.com/upload/images/11_2023/471_escaparates04.webp)
Y, por último, tenemos el reflejo de nuestro reportero fotográfico de escaparates, y de ventanas, dentro de una curiosa tienda de zumos, llamada Joe y el zumo, en cuyo exterior aparece un banco, invitando a la gente a sentarse. En el interior hay una joven sentada en un sofá mirando el móvil y, en la mesa, una tableta abierta (tentado he estado a escribir “tablet”, porque en castellano me recuerda a una tableta de chocolate), junto a un zumo de frutas. Lo más llamativo de este escaparate es el mensaje escrito en letras mayúsculas de color rosa: “nunca mantengas contacto visual cuando te estés comiendo un plátano”:
Y yo, que soy muy ingenuo, no en vano soy de Ingenio, me pregunto por qué.
Texto: Quico Espino
Fotos: François Hamel
Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.32