
¿Cómo comentar una exposición? ¿Cómo entresacar ideas de una muestra colectiva, donde cada artista ejerce individualmente? ¿Por dónde empezar? ¿Debemos seguir el orden establecido?
Demasiadas preguntas para intentar hablar de un certamen que no merece pasar desapercibido: creemos que su presencia en otras islas sería mucho más que interesante; además de que los artistas-caricaturistas-viñetistas descubrirían no solo los distintos enfoques isleños, donde cada lugar parece alongarse en su propio acantilado del cual desconoce hasta la profundidad del mismo, sino también las diferentes versiones de la pachorra cultural que se abre en cada isla.
Y nos hemos empeñado en este comentario porque, sencillamente, la colectiva de la que hablamos (Cariñetas&Garagotes, “SE NOS FUE EL BAIFO”, Asociación Canaria de Humoristas Gráficos y Caricaturistas, y la Fundación La Caja de Canarias, y con la especial colaboración de Cóm!c Santa Cruz: todo ello en el CICCA de la capital grancanaria, que se puede disfrutar hasta el 24 de noviembre), comisariada con amueblada cabeza y firme criterio por Laura García Morales, nos ha marcado agradable y sorprendentemente: cada dibujante merecería un espacio aparte que tratara de manera amplia y delicada su aportación al conjunto; pero como ello no es posible, más que nada por nuestra propia incapacidad crítica, lo mejor es intentar contar el impacto que nos ha provocado y cómo una simple viñeta, que nunca es simple, resulta tan atractiva y fascinante como lo es cualquier poema, novela o canción.
Y no crean ustedes, estimados lectores, que exageramos. ¡Para nada! Las conclusiones personales a las que llegamos en la tarde de aquel miércoles, el día que la visitamos por segunda vez de manera entusiasta y detenida, una vez asentadas, situadas y maduradas las distintas interpretaciones, y que quisiéramos desmenuzar, se han convertido en una tarea de difícil ejecución: hablamos de una exposición colectiva que cuenta con identidad propia: sus integrantes, gente sabedora de que su especial capacidad de contemplar es muy distinta a la del resto de los mortales, han venido a este mundo a intentar movernos, unas veces, la silla de sitio y, otras, a colocarnos de frente ante nuestras propias contradicciones. Y eso, además de ser una osadía, tiene mucho valor.
![[Img #12214]](https://infonortedigital.com/upload/images/11_2023/6677_151-a-proposito2.jpg)
La manifestación colectiva, que abarca desde el siglo XIX al XXI, no solo sirve para homenajear permanentemente a los primeros dibujantes que por esta tierra han sido, y tan olvidados casi siempre, sino que, además, nos cuenta, a modo de narración, que hay gente joven, junto a otros más consolidados por aquello de que la veteranía es un grado, que intenta abrirse paso en este barranco cultural, repleto y atropellado de ideas, que nunca deja de crecer, como si fueran cañas salvajes. Y está bien que se opine del momento presente desde distintas perspectivas; es bueno que haya gente desinquieta que observa otro proceder y quiere, además de alcanzar una utopía con voz auténtica y propia, expresar, por encima de todo, sus inquietudes, sus filias y sus fobias y, en la búsqueda constante de retorcer la realidad, anhelan encontrar nuevas emociones que arriben a buen puerto, donde la protección del adverso oleaje se perciba como un recurrente principio que sirva para ofrecer “el siguiente paso en el baile”.
Es decir, los jóvenes (¡Otra canariedad más!, tan desmemoriada y distraída) desean poder sortear las veredas serpenteantes, cuando no los estrechos senderos que surgen disfrazados de piedras en el camino, con la finalidad de plasmar en un papel, lienzo o pizarra, e, incluso, en cualquier periódico de los que sobreviven hoy, una manera de ver oportuna, única y sincera. Los artistas consiguen renacer y atrapar nuevamente a los que un día fueron y tienen a bien rescatarlos del abandono, siempre tan polvoriento: cuando recuperamos el pasado, casi todo parece reinventarse y resituarse. Y el conjunto se amplía y se extiende, y expande sobremanera la mirada del visitante, dejando bien claro que siempre vale la pena el esfuerzo; ya sea en el siglo XIX o en el XXI.
Que más de una veintena de dibujantes hayan participado en esta exposición (¡hay muchos más!), además del compromiso serio, viene a significar un paso adelante y cierto en el que sus variadas y originales propuestas, proyectadas desde las paredes de la sala, se instalan en nuestra imaginación, que se ve ligeramente alterada y aturdida: dichos artistas han venido a sorribar la tierra que pisamos. Y este zarandeo, como las recurrentes olas del mar cercano, que agradecemos particularmente, señala, una vez más, la estrechez de nuestra percepción y cuán delgada resulta.
Si un buen poema, novela o canción logran cambiarnos la vida, una viñeta, un dibujo, una caricatura, también lo consigue desde la cercanía más discreta. Y, además, el artista lo logra sin aspavientos, sin apenas ruido: sabe lo que quiere decir y sus personajes y las palabras elegidas conformarán un todo que, además de pegarse como una lapa en nuestra apretada imaginación, servirá para avanzar y progresar.
Porque, en el fondo, se trata, acaso, de continuar en el camino.
Que no es poco.
PD. Exponen, entre otros: Mónica Umpiérrez, Laura Cubas, Carolina Bonino, Irene Morales, Eva Núñez, Beuster, Manuel Reyes Brito, Pérez-Galdós, Eduardo Millares, Rafaely, Carlines, J. Morgan, Padylla, Gustavo Mederos, Gecano, Néstor Dámaso del Pino, Abraham García, Antonio Cerpa, Galarza, Manolo Padrón, Alberto Manrique de Lara y Fierro…
Juan FERRERA GIL






























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