Santiago Ramírez CurbeloSantiago Ramírez Curbelo (Haría, 1994) es un hombre vernáculo, muy de su tierra, peculiar, genuino y castizo, amante de lo tradicional y polifacético. Enfermero de profesión, solista y miembro de la A.F. Malpaís de la Corona, colabora con muchas agrupaciones folclóricas de la isla, es artesano de cestería de junco, y, además, el único Artesano de “Hilado de lana” censado en la isla de Lanzarote.
Santiago, nos revela que fue hace unos diez años, a raíz de un viaje que realizó a la Feria de la Lana de Gáldar, junto a la A.F. Folclórica Guagime, cuando, paseando por la Feria, descubrió y se interesó por unas señoras que ejecutaban en vivo parte del proceso del “hilado de lana”. Una “escarmenaba”, la otra “hilaba” y la tercera “tejía”. A él le llamó la atención y sintió mucha curiosidad preguntándoles amablemente que, si podrían enseñarle el proceso completo y coger la técnica de este oficio y ellas, regocijadas, accedieron con gusto.
Santiago confiesa que siempre había sentido curiosidad por la tejeduría, ya que “no podía entender cómo se podían sacar unas polainas de esos pelos jediondos”. A partir de entonces, preguntando en su familia, supo que, antes de que él naciera, varias mujeres de Órzola se dedicaban a ello, incluso su tía Paca, a la que él no llegó a conocer, realizaba labores de hilado.
Y es que, en la antigüedad, ante la falta de recursos, una parte de la población, en su mayoría mujeres del sector rural, vinculadas en muchas ocasiones al pastoreo, se dedicaban en sus ratos libres, al hilado de la lana de ovejas y/o de camellos.
El hilado se consideraba una actividad doméstica. La transmisión de los conocimientos, generalmente, se producía por vía materna, las madres o abuelas enseñaban a la generación siguiente. Su dedicación era parcial y regular, cuando su quehacer diario concluía.
Aunque solía ser un oficio individual pues se podía hilar en cualquier rincón de la casa, sentada, de pie e incluso hasta a lomos de un burro, era frecuente que varias mujeres se reunieran para hilar. La producción se centraba en ropa de abrigo, vinculada con la vestimenta tradicional; polainas, chalecos, calcetines, mantas y también bolsos y/o alforjas.
También se les daba color gracias a diferentes tintes naturales como la cáscara de almendra para conseguir un amarillo dorado, la cochinilla que ofrecía un color rojo escarlata o la orchilla y el añil.
Sería ya a partir de los años ochenta del siglo XX cuando se comienza a impulsar las ferias de artesanía y rescatan a las hilanderas para hacer demostraciones de su oficio siendo una buena manera de darse a conocer y vender directamente su producción, aunque también se realizaba por encargo.
Bibliografia: Redacción. Santiago Ramírez, único hilador de lana de Lanzarote. Mass Cultura. 31/08/2023































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