(145). LA BRISA DE LA BAHÍA. Tiempos muertos

Los tiempos extintos, donde éramos lo que éramos, se han esfumado inevitablemente, como las cartas que nadie escribe: hasta la correspondencia es otra.

Juan Ferrera Gil Lunes, 25 de Septiembre de 2023 Tiempo de lectura:
Tiempos muertos. Juan FERRERA GILTiempos muertos. Juan FERRERA GIL

Los tiempos muertos han desaparecido.

 

Aquellos ratos, aparentemente sin vida y tremendamente aburridos, con las nuevas tecnologías han ido al traste. Ya nadie camina sin ningún aparato que lo conecte con el mundo, convertido éste en ruido casi permanente; ya nadie mira por la ventanilla de las guaguas y, cuando van llenas de colegiales, reina el silencio al estar enfrascados los muchachos con las pantallas de los móviles: ¡vaya poder! Nadie sabe de la estrechez de algunas carreteras, ni de las nubes amenazadoras que acompañan la excursión.

 

Los tiempos extintos, donde éramos lo que éramos, se han esfumado inevitablemente, como las cartas que nadie escribe: hasta la correspondencia es otra. Ya no hay ni debe haber tiempo ni espacio para la soledad y la desgana; por eso los móviles, y las grandes tecnológicas, no solo nos han robado aquellos momentos especiales del día sino que nos arrebatan lo mejor de las distintas miradas y nos convierten, así, en meros consumidores de mensajes, bulos, noticias falsas, dietas, antidietas, memes, terraplanistas a tutiplén y de medio pelo, vídeos constantes y machacones donde nos tratan como si fuéramos niños chicos a los que hay que llevar de la mano continuamente. Y así nos va.

 

A pesar de todos esos aparatos, de tan alta tecnología, seguimos solos. Por eso los tiempos se han desvanecido, diluyéndose, como si estuviéramos en un entierro. Y en ese trajín diario perdemos, entre otras cosas, la capacidad de mirar, saludar y conversar, además de renunciar y sacrificar toda conciencia crítica. Parece que estuviéramos atravesando un caudaloso río, bravo y constante, que nos corta el paso y que, a la vez, nos acobarda al meternos el miedo en el cuerpo. Quizás por eso resultamos tan frágiles, tan bobos, tan previsibles, aunque en el mundo virtual llevemos una vida completa, segura y alegre: cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

 

Algunas empresas, empeñadas en su locura transformada en negocio permanente, nos quieren robar, y arrebatar, no solo la capacidad de pensar, sino que, además, pretenden dejarnos sin tiempos muertos, que suelen ser los más vivos: los que siempre nos conectan con la verdadera y única existencia.

 

Por eso los hijos de esos empresarios tecnológicos estudian en escuelas donde la principal y única pantalla es la pizarra. Por algo será.

 

Todo un detalle!!

 

Juan FERRERA GIL

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