Catedral. Juan FERRERA GIL“La Catedral de La Laguna ofrece en su exterior una variadísima gama de personajes que, arremolinados cada uno en lo suyo, disfruta del mediodía de un sábado otoñal.
Es La Laguna una ciudad con personalidad contrastada capaz de abrirse a otras interpretaciones, a otros derroteros o barrancos por donde parece desvanecerse el cauce del tiempo, como si huyera en alocada carrera al Monte de las Mercedes, en la mirada de los otros. Pasear, saludar, mirar, tal vez comprar… realidades habituales que van conformando el día:
--- ¡Oiga, cristiano, déjeme un poco de lentitud y tranquilidad!..
Y, mientras seguimos paseando al tiempo que miramos sin mirar, la existencia se torna pausada, lánguida, con marcada pachorra isleña y tremendamente renovada.
La vida en todo su esplendor.”
Juan FERRERA GIL






























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