Al lado de la iglesia. Juan FERRERA GIL
Así que al encontrarnos prácticamente en el centro del pueblo, llegamos a sentir las procesiones como únicas en un tiempo que ahora ya no existe. Es verdad que antes la Iglesia mandaba mucho: al llegar la Semana Santa, por ejemplo, todo se paralizaba. ¿Adónde habrá ido a parar toda aquella energía de rezos y bisbiseos continuos? Luego comprendimos su mensaje y su manera de ser y actuar en aquellos intensos años secuestrados que se movían a ritmo de trompetines cuarteleros.
Pero para percatarnos de eso tuvimos que dar una vuelta completa y vivir toda una vida.
La vieja casa sigue en su sitio; nosotros, en cambio, no.”
Juan FERRERA GIL





























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