Buena pesca

Quico Espino

Me cuesta creer que ya no haya pescadores en la playa de Sardina. Qué diferente cosa a cuando yo aparecí por estos lares en 1981. Había un montón de gente que vivía de la pesca. Se lo curraban los hombres faenando en alta mar, con las nasas y los chinchorros, y las mujeres que vendían sardinas, brecas y de todo a grito pelado, cargando las bañaderas en las cabezas, sobre un ruedo de tela, y luego en distintos puestos que ya tenían asignados, como el de La Oficina, frente a los taxis de Gáldar, junto a las barqueras de Agaete.
 
No se podían permitir grandes lujos, pero llevaban una vida digna y sacaban adelante a sus familias, algo que ya viene de tiempos inmemoriales, como es el caso de los pescadores que aparecen en las dos primeras fotos que acompañan este artículo, los cuales, con arpones,  han pescado una maroma, también llamada manta diablo.
 
[Img #10403]
 

 

Son testigos, una vez personificados, la montaña de Amagro, que mira desde un morro que sobresale, llamado el Campanario, el monte Tamadaba, que asoma un poco, el Prisma, que es lo que queda de un antiguo muelle, y la misma playa, sorprendida de que los pescadores, la mayoría con cachorras y camisas blancas remangadas, hayan capturado una pieza de tal envergadura. 

 

-¡Fuerte bicho feo, coño! –dice uno de los pescadores, con alpargatas, pantalón y camisa de color blanco, subido sobre una roca y con un cigarrillo entre los labios, mientras los demás, incluidos algunos chiquillos,  contemplan el tiburón que acaban de poner sobre unas cajas de madera.

[Img #10404]

 

-Buena pesca –dijo otro, pensando que de aquel pescado se aprovechaba todo y que, por lo tanto, podían sacar algunas perrillas, o si no, en caso de que no se vendiera, sus familias darían buena cuenta de él. 

 

Aparte de la boca del escualo, llama la atención que todos los presentes, salvo uno, lleven camisas o camisetas blancas, que usen cintos y que uno luzca una corbata negra, señal de que está de luto.

 

Nos remontan estas fotos a los años treinta del siglo pasado y, aunque sé que es una dura labor, da gusto ver el escenario en el que se desenvolvían los pescadores, un ambiente marino en el que casi siempre reina la calma, y da pena pensar que ya no se tienen esas vivencias en la playa de Sardina porque no quedan pescadores.

 

Se los llevó la marea.

 

Texto: Quico Espino

Fotos por Marcelo González Pérez de la Exposición Sardina,  ayer y hoy. 

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