
Sentirte debajo del agua es como si estuvieras dentro de ella: la levedad no solo se hace soportable sino que, además, cual astronauta perdido en el espacio sideral, sentimos que el silencio se ha agrandado en su personalidad y el ruido exterior, tan monótono y ensordecedor, y tan contaminante que llega a condicionar nuestro estado de ánimo, ha desaparecido completamente.
Mirar hacia arriba viene a significar, entonces, que la distorsión se ha hecho fuerte y la realidad aparece ligeramente modificada y en continuo movimiento, como cuando las luces del Puerto de la Luz rielan. Por eso las imágenes que acompañan tienen su aquel: estamos dentro de una fuente y, al elevar la mirada, la distorsión de las cúpulas y torres exteriores nos habla de que lo que divisamos es totalmente distinto: estamos debajo de y no nos habíamos dado cuenta. Aunque también podríamos decir aquello de que nos sentimos dentro de: nunca imaginamos que ambas expresiones se llenaran de tanto contenido. Ya se sabe que no podemos decir “de esta agua no beberé o este cura no es mi padre”: las cosas, las situaciones y las palabras, resultan más sencillas de lo que creemos: “la lluvia siempre cae hacia abajo”.
Y siempre las palabras están ahí, como agazapadas esperando su oportunidad, no solo para describir las situaciones y los agobios, sino que, además, sirven para contar y relatar cuando la mirada se detiene; entonces todo, o casi, se vuelve a reinterpretar: el entorno adquiere su verdadero valor: lo nuevo frente a lo viejo acentúa su presencia; recupera arqueológicamente lo que fue la ciudad, abajo, y, al mismo tiempo, sirve para reinterpretarla y observarla de otra manera: otro camino que enriquece el entorno, lo cambia, lo recupera, lo transforma y nos lo presenta como si nuevo fuera: arriba.
![[Img #8689]](https://infonortedigital.com/upload/images/06_2023/9790_131-debajo1.webp)
No cabe duda, y sinceramente lo creemos, de que las dos imágenes de este comentario dicen más de lo que ofrecen: son dos claros exponentes que hablan de simbiosis, mestizaje y colaboración de tecnologías de distintas épocas: es lo que tiene el pensamiento libre y que se ofrece a la mirada escrutadora y sincera de los demás.
La luz, tamizada por el agua, se mueve en los distintos tonos que el día va adquiriendo. Posiblemente, en el mediodía, gozará de todo su esplendor. Por eso, debajo del agua la oscuridad se acentúa en algunas partes del recorrido en el que descubrimos la vieja ciudad. Y arriba, otro sendero por el que avanzar, la ciudad medieval, junto a la más reciente, distorsionadas ambas, habla, con delicadeza extrema de sonidos reales, de todas las vidas posibles.
Así que nos acordamos de Proust: por el camino de Swan y por el de los Guermantes: dos caminos, dos lugares, opuestos y complementarios, que despejan todas las sombras.
Y, en ellos, el silencio. Como un rey al que rendimos eterna pleitesía.






























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