Foto: Juan FERRERA GILEs la primera novela que leemos del escritor peruano Jaime Bayly, Los genios, Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2023.
Nos encontramos ante un novelista auténtico, con soltura, conocedor de su oficio y que sabe manejar con maestría los tiempos, las situaciones y los diálogos, que provocan el avance de la acción, de manera tan eficaz que tenemos la sensación de ver una película (acaso, Pantaleón y las visitadoras, con la que no tiene nada que ver la novela, ¿o sí?) y sentir el vértigo que origina el no poder levantar la mirada de las palabras y escenas dosificadas, inteligentes, unas y otras, donde los personajes, tomados de la realidad literaria (escritores conocidísimos se muestran aquí tremendamente humanos) y de un tiempo que ya no existe, viven en nosotros como si fuera hoy mismo: es tal la maestría de Jaime Bayly (Lima, 1965) que su visión, respetuosa siempre con la inteligencia del lector, parece diseñada como si solamente fuera apenas un esbozo para que el desconocido lector se cuestione continuamente si lo que está leyendo en los escogidos momentos de lectura sucedió en realidad. Ya hemos dicho que los personajes están tomados de la realidad, convertidos aquí en otros personajes definidos y cabalmente delimitados, con sus claros y sus oscuros, que de todo hay; y tenemos la certeza de que el escritor peruano ha sabido captar la psicología de cada uno de ellos: al final nos ofrece una estampa casi real de lo que pudo haber sido: la trompada, y sus consecuencias, que Vargas Llosa propinó a García Márquez en un teatro en Ciudad de México en febrero de 1976.
Por lo demás, la novela resulta tan amena como vertiginosa, donde el deseo de conocer el motivo del golpe es como si investigáramos hasta encontrar al verdadero asesino o, al menos, al instigador, o ideólogo, de la trama. Así, Jaime Bayly mide los tiempos de manera precisa e intercala diversos episodios en los que el humor, si se leen algunos fragmentos en voz alta, resurge doblemente: es tal la disposición de los personajes-escritores-reales que vibran en nuestra imaginación para conformar y confirmar que todos llevamos nuestras miserias encima, que todos somos portadores de un lado oscuro que sostiene una determinada personalidad y que, además, somos dueños para siempre de las palabras dichas o insinuadas: ni los buenos escritores son tan maravillosos de la muerte como llegamos a creer ni tampoco malvados advenedizos disfrazados; sin embargo, sí son dueños de sus palabras y eso, precisamente, es el valor de esta extraordinaria novela, tan entretenida como ficticia, que bien pudo ser verdadera. Desconocemos si Jaime Bayly agrandará las figuras de los escritores nombrados o las empequeñecerá; en cualquier caso, uno de ellos es el que sigue vivo y, aun a sus más de 80 años bien despachados, todavía da muestras de seguir tomando decisiones aparentemente erróneas y siempre, eso sí, muy personales: todo ello denota una vida vivida intensamente, con aciertos o sin ellos, ¡vaya usted a saber!
La novela no solo ha ahondado en la psicología de los personajes, como ya dijimos, capaces de defender y alcanzar los intereses más íntimos, sino también nos recuerda que la vida es una sola y hay que vivirla cuando el deseo, sexual o no, es aún fuerte, tremendamente dinámico e impulsivo: una manera de ver y sentir. Y actuar.
Es Jaime Bayly un escritor de raza capaz de despertar no solo la sonrisa del lector más exigente, sino que, además, ofrece las pautas y los mecanismos que hacen avanzar la acción, que nunca decae. Y todo ello con suma eficacia en una novela redonda. Y eso, la verdad, no todo el mundo lo consigue.
Bueno, Jaime Bayly, sí
(enseñARTE, 73)






























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