Las mayorías absolutas no son buenas, ni malas; a veces, son necesarias
No me cabe la menor duda, de que la mayoría absoluta es una circunstancia, que va más allá de la gobernabilidad; y el meollo de la cuestión está en mi opinión, en que una fuerza política, pueda tomar decisiones de carácter municipal, insular, regional, nacional, etc., sin pactos ni condiciones; con ello, pretendo dejar claro que, la mayoría absoluta, no es una condición necesaria, para el buen gobierno; nos bastaría hacer un pequeño recorrido por el pasado más reciente, para comprobar esto que digo; en tanto que, la mismísima transición, se hizo sin mayoría absoluta; así como, la redacción de la Constitución, la puesta en marcha del sistema autonómico, los Pactos de la Moncloa, y ahora mismo, hay un gobierno de coalición, que incluso tiene que pactar con otras fuerzas políticas para sacar adelante, los presupuestos y las leyes.
Las mayorías absolutas, así me ha parecido observar, siempre fueron vistas con recelo por los ciudadanos de este país; sobre todo, pienso yo que, por el miedo, a que se instalaran en el poder los conservadores más extremistas, por cómo, actuaron en la transición; aunque, así me lo parece, la manera de actuar, de los conservadores extremistas, no llegó a ser nunca obstáculo, para que, los progresistas cerraran la transición con dos mayorías absolutas, muy reforzadas, ni para que los conservadores, supuestamente moderados, pudiesen hacer de las suyas, con otra mayoría absoluta; y que, acuciados por la dura crisis, que quemó al siguiente gobernante progresista, terminaran por optar, darle carta blanca, al último gobernante conservador (el mismo que decía que no hacía recortes, si no ajustes; sí, el mismo que decía en campaña una cosa, y luego hacía totalmente lo contrario).
Los recelos contra las mayorías absolutas se mantienen hoy día, en buena parte; no solo por el abuso que se haya hecho de ellas, sino también por lo inútiles que resultaron algunas de las mismas; sobre todo, por su nula comprensión de la realidad del país; de ahí, que no esté mal visto que una parte sustancial de las campañas electorales, se resuma en una lucha radical contra la mayoría absoluta.
Pero las mayorías absolutas no siempre son malas, e incluso pueden considerarse condición necesaria para garantizar la estabilidad del sistema o para abordar las grandes reformas; y, en ese sentido hay que decir que quien aspira a tener mayoría absoluta, como supuestamente, sucede en este pueblo, debería aclarar cómo y para qué piensa usarla o seguir usándola; ya que, por el momento, lo que yo oigo y veo en mi municipio es, nunca mejor dicho, “mucho ruido y pocas nueces”.
A nivel nacional, el principal partido de la oposición por poner un ejemplo, no puede, ni debe limitar su proyecto a gobernar una crisis que viene totalmente condicionada por decisiones externas, sino que se obliga a proponernos sólo esas cosas que solo él puede impulsar, y que son decisivas para el futuro; como podría ser, por ejemplo, el reajuste de las infraestructuras y servicios, y su correcta programación hacia el futuro; el abordaje de la dispersión poblacional, su envejecimiento y sus funestas consecuencias y otras muchas, para las que puede ser imprescindible una mayoría absoluta, pero para todo lo demás, me temo que, es mucho mejor la relativa.






























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