
¿Servirá la creatividad para algo?
Consideramos que su presencia se nos antoja útil y necesaria, tanto para el que la ejerce como para el que la disfruta. Desconocemos los caminos de la creación y sus diferentes derroteros y vericuetos; sin embargo, creemos que todo, o casi, proviene de la necesidad y el deseo de contar historias, bien en cuevas ancestrales al calor de una hoguera, bien en cómodos salones hogareños; independientemente del formato definitivo que elijamos. Al fin y al cabo, el auge de tantas series de televisión no es más que la moderna faceta para acceder a las historias inventadas. Y tengo para mí que la predisposición de escuchar se acentúa cuando casi estamos dispuestos a sentir la almohada.
Es la creatividad una necesidad y, acaso, una virtud. Y hay de todo: los que inventan para ganar prestigio y, tal vez, dinero; y los que solo lo hacen por el valor mismo de emprender la aventura, donde el siguiente paso (¿en el baile?) consiste en tratar de llegar a la otra línea en una hoja antes vacía. Con los medios actuales, los lectores se multiplican y, en ocasiones, resulta sorprendente el alcance de lo creado. La imaginación es un misterio y, por eso mismo, su validez adquiere el tono de la permanencia. Da igual que las formas cambien y que los asuntos se renueven: la necesidad de crear es consustancial al ser humano. Ana María Matute decía que “el que no inventa no vive”. Y, quizás, tenga razón; aunque hemos de dejar bien claro que hay muchas maneras de inventar. Y una de ellas es dejar volar la imaginación, mirar al cielo sin mirar y que los pensamientos circulen con las nubes pasajeras. Y solo eso. Que no es poco. Sí, sí: mirar a los celajes también es una manera de crear.
Así que cuando una vez ofrecemos a los demás lo que hemos imaginado y recibimos sus aplausos, en el mejor de los casos, entonces se produce el engarce en el eslabón de la cadena de la existencia, donde las distintas visiones conformarán “algo que hasta hace bien poco no estaba”. Y, de repente, tal vez, sirva de acompañamiento a otros que, en su eterna curiosidad, se asomen a esta ventana que es Infonortedigital y se alonguen para mirar.
Es un misterio la creatividad. Y el ser humano lleva siglos a su lado, como si fuera una segunda amistad verdadera, única e imprescindible. Y tengo para mí que, en estos tiempos asirocados, es más necesaria que nunca.
Por eso la creatividad es el arco iris en el cielo y la sombra que anhelamos interpretar. Y, en medio, la luz que se reparte en su justa medida. Así que creatividad y luz son sinónimas.
Y, como dijo Galdós, “esta es la cosa”.
Vale.
(*) Escrito el 19 de febrero de 2020
Juan FERRERA GIL






























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