
El extraordinario y singular escultor aruquense, Manuel Ramos (1899-1971), ha regresado a la ciudad que lo vio nacer.
Allí, en su dedicada y delicada Plaza, donde la Bendición de los Palmitos en el Domingo de Ramos, un gran mural, realizado con maestría, inteligencia y disposición, sirve para recordarlo de joven, junto a Capriccio, una de sus significativas esculturas que ya luce en el lugar desde hace un tiempo largo. Ahora, a su lado, ha aparecido un fragmento de la carta que su hija, Manón Ramos, le escribiera a su padre en junio de 1977: “manos creadoras que acariciaban la madera como un amante y esculpían la piedra de tal manera que del frío mármol surgía un desnudo, tan cálido, que era casi humano”.
Esta iniciativa sirve no solo para recordarlo sino que, además, resalta su grata y destacada presencia en el mundo artístico, cuyo Cristo Yacente mora, en perfecto estado de silencio, consideración y respeto, en la cercana iglesia, hasta que la Semana Santa disponga su trono. Tras una vida repartida entre Arucas y La Orotava, principalmente, Manuel Ramos se ha acercado nuevamente a la ciudad de su infancia. Y ello ha servido para recuperar dos aspectos: por un lado, poder percatarnos de un espacio casi olvidado y, por otro, ser plenamente conscientes de que el Arte está por encima de cualquier época e instante: muestra la sobrada capacidad para superar el tiempo y se convierte, así, en un hecho recurrente. Desde su misma inmortalidad nos está devolviendo el escultor su mirada, su eterna presencia y su estilo personal y único.
La realización del mural, desconocemos a su autor o autora, perfecto y diseñado con exquisito gusto, retrata no solo a su protagonista, y lo pone en valor, sino, también, sus utensilios de trabajo y hasta podemos adivinar su personalidad a través de unos detalles muy significativos que encierran toda una trayectoria vital. Por eso cuando lo descubrimos nos alegramos de su regreso.
Manolo Ramos ya no vive solo en el Museo Municipal, que también, sino que se ha dado una vuelta permanente por las viejas calles que un día lo vieron nacer y jugar y disfrutar. Y crecer.
Un feliz regreso.
Juan FERRERA GIL






























Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.6