Blacón. Foto: Juan FERRERA GIL“Siempre las flores para mí han sido de una importancia capital; extrema, diría yo: casi una obsesión.
Y no es porque me considere presumida: ¡¡no!! Solo que sin ellas la vida se me antoja débil, pequeña y estrecha. Así que mi casa la he ido adornando por dentro y por fuera. En los últimos meses, el balcón ha ido tomando forma. Aunque aparezca recargado, me encanta el aspecto “rococó” que va adquiriendo, es una de mis señas de identidad; no lo puedo evitar. Cuando, sentada en el acogedor sillón que da a la ventana, leo, siento que el murmullo del exterior lo provoca el balcón enramado.
Y, así, las palabras susurradas que escucho desde la calle se mezclan con las que mis ojos deletrean y entiendo: un milagro como otro cualquiera”.





























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