Paseo. Foto: Juan FERRERA GIL“Cuando inicié el paseo mañanero una ligera llovizna se acercó a la vieja ciudad.
De pronto sus calles se iluminaron en la humedad sobrevenida y la limpieza del frío aire vino a acariciar nuestras mejillas blanquecinas de invierno. La ciudad medieval cayó sobre nuestras cabezas y la historia volvió a surgir como si abriéramos, una vez más, el viejo libro de historia del bachillerato, tan lleno de imágenes, sobre todo, en blanco y negro, que esparcía la imaginación del estudiante. Cuando quisimos darme cuenta de que la vida había pasado, la delicada lluvia de aquel frío febrero señaló nuevamente la realidad cotidiana.
Y sentí que volvía a caminar al lado de mis vecinos. Otra vez.”
Juan FERRERA GIL






























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