
Se supone que la Navidad es tiempo de alegría y felicidad, pero para un porcentaje importante de la población supone un aumento del estrés y la ansiedad.
Son muchos los factores estresores en estas fechas; ser capaz de identificarlos y tomar decisiones con antelación respecto a ellos nos ayudará a tomarnos las cosas de otra manera.
-Los conflictos familiares
-Gastos excesivos: No solo por pensar en lo que comprar, sino por el desembolso económico y por la cantidad de aglomeraciones que nos encontramos según va avanzando el mes de diciembre.
-Eventos sociales con personas a las que no me apetece ver.
-La silla vacía: para aquellas familias que han sufrido la muerte de un ser querido, se trata de tiempo muy difícil, de nostalgia, sufrimiento y, a veces, incomprensión.
-Compatibilizar trabajo, vacaciones infantiles y preparación de fiestas.
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Así que será importante que:
Te focalices en tí misma/o, son tus fiestas de Navidad y no tienes que demostrar nada a nadie. No se trata de competir por ver quién se lo pasa mejor, qué comida es la más rica o quién está teniendo las “mejores” Navidades. Ten en cuenta que lo que veas en las redes sociales no tiene por qué ser la realidad, deja de hacer selfies y fotos a los platos y disfruta de las personas que tienes a tu alrededor.
Separa problemas reales de imaginarios y elimina los últimos.
Una estrategia que puede ayudarnos a mantenernos algo más relajados y sufrir menos estrés es la de planificar. Para ello es buena idea que, para empezar, planifiquemos cuánto presupuesto tenemos para gastarnos tanto en comida como en regalos. De esta manera tendremos una guía y no nos preocupara tanto pasarnos.
En las fiestas y las reuniones pon la intención de ir a divertirte, vístete de una manera especial, ponte esa ropa que te sienta bien y ve con una predisposición a disfrutar de los demás.
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El consumo de alcohol y la ansiedad no se llevan demasiado bien. Cuanto más alcohol consumamos más ansiosos nos sentiremos.
Mantener cierta sensación de rutina y control puede ayudarnos a sentirnos más relajados y rebajar los niveles de ansiedad. Por ello, si habitualmente salimos a correr, vamos al gimnasio, dormimos una serie de horas o seguimos un patrón de alimentación, es recomendable que sigamos haciéndolo durante estas fechas.
El secreto está en alcanzar un equilibrio saludable entre coherencia personal y generosidad. Contén las demandas de tus hijos. La Navidad es una época del año que es buena para enseñar a los niños el valor de las cosas y que no pueden tener todo lo que quieren. Hay que mostrarles que, que por muy magos que sean los Reyes y Papá Noel, no siempre pueden traernos todo lo que queremos. De forma que también les ayudamos a que aprendan a gestionar la frustración, ya que muchos niños se sienten mal al no recibir todos los regalos que han pedido.
Es normal que, como padres, queramos cumplir todas las ilusiones de nuestros hijos, y más en este momento del año tan especial. Pero tenemos que saber que la cantidad de regalos no está ligada a una mayor felicidad de los niños.
Reconozcamos y prioricemos lo que sí nos apetece. Si te agobia todo lo que tienes que hacer, ponte pequeños objetivos y vete haciéndolos uno a uno. Y no olvides reservar un tiempo para ti mismo, lo que realmente importa, es que te estás cuidando para así cuidar mejor a los tuyos.
Pedro J. Martín Pérez
Médico de Familia y Comunitaria
Experto Universitario en Nutrición Clínica y Salud Nutricional





























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