Mañana soleada

Opinion

jilguerojuanamorenomolina¡Qué sería de nosotros sin el sol!

El sol aparece triunfante en el horizonte pletórico de luz y con ganas de acometer su tarea, que es la de alumbrarnos las doce horas del día, como si hubiera estado, al igual que nosotros, descansando toda la noche. Pero todos sabemos de su pluriempleo en otras partes del globo. 

Su caricia vespertina llega hasta mi ventana, envolviéndome en su calidez mientras preparo mi desayuno. Esa luz y el canto de los gallos a lo lejos compiten en el despertar del mundo: mi mundo. 

Allí, al fondo del jardín, están los bulliciosos gorriones saltando en las ramas de los pinos marinos, y admiro cómo brillan las gotas de rocío que, a modo de pequeños diamantes, penden de sus acículas. 

No me resisto a tanto regalo y salgo, arrebujada en mi vieja manta, a desayunar fuera, bajo el porche, al socaire de la relentada. Desde mi posición escucho el saludo del mar al nuevo día y me atrevo a pensar que también me saluda a mí, invitándome a disfrutar de sus frías y reconstituyentes aguas. Cosa que no haré esperar.
 
Vuelvo a por la fruta que dejé en la ventana y me paro en seco. ¡Qué maravilla! Un pajarillo está probando mi desayuno. Con sigilo voy a por mi cámara; no quiero perderme este magnífico momento. 

Creo que conseguí una buena instantánea.

Avanza el día tranquilo. Los pájaros se van, quedando la mañana atrás y, como dueño absoluto y tirano del resto de la jornada, queda este sol, que disfrutamos unas veces y, otras combatimos refrescándonos en el mecer de las olas de nuestras playas o disfrutando de sus aprisionadas aguas, acompañados en todo momento de los graznidos de las gaviotas y la vista de pequeñas aves migratorias que picotean aquí y allá dando saltitos entre los charcos, recuperando fuerzas para seguir su ruta. 

Acaba el día y vuelven los pajarillos a por los “chuches de pájaros “que deja mi hija en una especie de percha para loros, mientras admiro embelesada cómo este poderoso astro se va marchando, ufano y satisfecho por el deber cumplido, sin dejar de lanzar bellos colores como advirtiendo: volveré… 

Y yo lo esperaré cada mañana, hasta que deje de brillar para mí.

Texto e ilustración: Juana Moreno Molina


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