Canarias en Cuba, Cuba en Canarias
Hace unos días tuve un día especial. Amanecí y anochecí como en cualquier otro, pero en ese intervalo conocí personas extraordinarias, de esas con las que no hay que intercambiar muchas palabras para ver lo que esconden, pues su boca habla de lo que toca en cada momento y su mirada agrega los sentimientos. En sus ojos no vi más que ilusión, pasión y mucho afecto, lo cual no es muy común en el ambiente en el que me encontraba.
Sucedió lo que escribo en la Universidad de La Laguna, en la que me encuentro estudiando, concretamente en el III Congreso nacional e internacional de Historia del Arte, Cultura y Sociedad (CHACS) y en específico con los congresistas del Registro Provincial de Bienes Culturales de Cuba. Seis expertos en diferentes ámbitos, tales como la fotografía, el derecho, la historia e incluso la religión, a los que estoy agradecido por sus intervenciones.
Debo recalcar el esfuerzo de ellos y de la organización, pues según comentaron no fue fácil salir del país.
¿Qué fue lo que hizo que me sintiera tan bien a la vez que aprendía? Creo que no solo fue por los temas que se tocaron sino por ellos y la forma en que los abordaron. Todos eran de Matanzas, una población dedicada desde la época esclavista a la producción de la caña de azúcar mediante ingenios. Cualquier europeo podría escuchar esa intervención y quizás no le pasaría nada, pero yo, que nací en un pueblo grancanario que se llama Ingenio, debido a las mismas máquinas, no tardé ni unos segundos en sentirme hermanado.
Pero no quedó ahí el asunto. Prosiguió otra congresista mostrando cómo era la población de Matanzas. “Vida de patios, de puertas hacia adentro,” fueron algunas de las palabras que usó. Y, como una bombilla, se encendió mi mente recordando las casas típicas canarias. Estas son sobrias por fuera, como mucho con una fachada de cantería, pero el estatus, lo importante y la vida se desarrolla en los patios. En contraposición tenemos la vida madrileña, por ejemplo, vida de calle, de terraza..., que no está mal pero es distinta.
Un compañero mío y yo nos quedamos después del Congreso compartiendo con ellos, intercambiando contactos y sobre todo contando vivencias, que si no fuera por el acento en que eran contadas no se diferenciarían unas de otras. Tantas cosas en común siendo a la vez tan diferentes. El pasado colonial, los expolios, la cosificación del territorio por los gobiernos, ser sitios turísticos.... muchos factores de los que yo resaltaría la cercanía de nuestras gentes y el hecho de ser isleños.
Tanto fue lo que sentí, que en el momento de las preguntas, cuando estaba agradeciendo, dije que ya puede venir un catalán, un sevillano o un extremeño, como un italiano, griego o inglés, y la misma empatía tendré con todos. Pero viene un latino y es como quien oye a su hermano.
Cada uno se cría con distinta madre, cada uno en su isla, pero el padre y la casa son los mismos, este océano que alarga nuestras distancias pero acerca nuestros corazones.
El Papa Francisco dijo en una entrevista que en cada cristiano hay un judío escondido, porque es su origen y tradición. Pues yo digo, con la historia migratoria como prueba, que en cada canario hay un cubano escondido.
Quisiera añadir, por último, que a lo mejor todo esto es sugestión mía, que mi pasado está en Santa Clara, Cuba, y la sangre puede que tire aún pasadas varias generaciones. Ustedes, lectores canarios, me lo confirmarán. ¿Somos, como dice la canción, “canarios con el corazón latinoamericano"?
Fabián Cubas Ávila




























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