La expoliación sanitaria en Canarias
El pasado jueves escuchábamos por fin la noticia de la dimisión del hasta ahora Director del Servicio Canario de la Salud (SCS), Conrado Domínguez.
Ha hecho falta citar al presidente del Gobierno como testigo en la trama del caso mascarillas para que su nombramiento como director del SCS saltara por los aires. ¡Y ya era hora señores!.
La investigación de la pasmosa supuesta pérdida de 4 millones de euros de las arcas de la sanidad canaria durante la pandemia ( y que siguen en paradero desconocido), empleados para la compra de unas mascarillas que nunca llegaron, abrió la puerta de salida a este gran gestor sanitario que ha estado dirigiendo este servicio durante esta y la pasada legislatura.
Crisis sanitaria, escasez de material sanitario, compadreo de gimnasio, contrataciones por whatsapp, coches de alta gama, destrucción de mascarillas en aduanas, prevaricación, estafa y tráfico de influencias. Parece el trailer de la próxima serie de Netflix, pero ha sido la puesta en escena del buen hacer profesional llevado a cabo por este aplaudido gestor y miembro del Comité de Gestión de Emergencia Sanitaria requerido por sus dotes en la tan célebre gestión sanitaria en un contexto de emergencia sin precedentes.
Conrado, el Honrado, ya era un viejo conocido de la sanidad canaria en la anterior legislatura con José Manuel Baltar como consejero de Sanidad y Fernando Clavijo como presidente del Gobierno (Coalición Canaria).
Su nombramiento como director en la presente legislatura, no estuvo exento de críticas, principalmente entre las filas del PSOE, hecho que supuso varias dimisiones y abruptos ceses entre ellos el de la propia consejera de sanidad de entonces, Teresa Cruz.
Este travestismo político sorprendió a unos más que a otros y principalmente al colectivo de sanitarios y sanitarias de esta comunidad que veían con estupor y asombro como ponían al frente del Servicio Canario de la Salud, al mismo perro con distinto collar.
Por aquél entonces, se concluía con su nombramiento con meses de duras negociaciones entre los aliados del Gobierno y su tan célebre “Pacto de las Flores”. Se encumbró así a Domínguez, apelando a sus grandes dotes gestoras en un contexto tan delicado como el de la crisis sanitaria que atravesábamos. Se le daba así nuevamente responsabilidad plena al mando de la sanidad canaria después de meses de conflictos internos en el propio PSOE.
Y así señoras y señores se continuó escribiendo la historia de la desmembración de la sanidad pública canaria y de nuestro tan vilipendiado derecho a la protección de la salud. Se siguió con el desmantelamiento de la atención primaria, especializada y atención sociosanitaria, infradotadas de recursos personales y materiales. Se continuó con las listas de espera, con el descontento de los distintos sindicatos, con las colas en urgencias, con la eterna temporalidad del personal, con la falta de camas, con las huelgas, con los conciertos con las clínicas privadas, con la barbarie sanitaria y con la indignación.
Todo ello con el aval, respaldo y apoyo del Gobierno de las flores, conocido también como : “el Gobierno de echarse flores”. Respaldo que supuso el negacionismo desmedido y descarado de unos hechos que iban siendo cada vez más evidentes y notorios en la sala de interrogatorio.
Tras un viraje inesperado de las investigaciones en la que las declaraciones pasan a estar bajo secreto de sumario por un giro repentino de la exposición de los hechos y estando el propio presidente del Gobierno llamado a declarar como testigo; Conrado, el Honrado, decide por fin dimitir, aunque como es lógico, empujado por alguna extraña fuerza oculta y externa que desconocemos y que no será la de su conciencia. Se decapita a sí mismo tras meses intentando sacar la cabeza a flote. Cortando por lo sano esta gangrena política que atufaba hacía rato sin que a nadie pareciera incomodarle.
Pero ahí no queda la cosa, por si fuera poco, hoy nos enteramos de que entre los nombres que se barajan al frente de este servicio ya huérfano, figura el de Bernardo Macías, actual Director del Área de Salud de Gran Canaria.
Al igual que su predecesor se ha puesto su nombre sobre la mesa, entre otras cosas, por su “demostrada capacidad de gestión”. Y su tan aclamada gestión sanitaria, conocida y padecida por muchos, ha consistido entre otras cuestiones en “ ahorrarle “ a la sanidad canaria unos cuantos miles de euros correspondientes a pagos no realizados a los Inspectores de Salud Pública de este área de salud de los kilometrajes que están llevando a cabo en el desempeño diario de su trabajo.
Gastos correspondientes a gasolina que tienen que pagar de su propio bolsillo porque la Dirección de Área de Salud no los paga. Su gran gestión ha consistido en limitar a cada inspector a golpe de “porque aquí mando yo”, a una zona de actuación preferente fuera de la cual los gastos de gasolina corren a costa del propio funcionario, el cual a su vez también tiene que poner su vehículo particular y carnet de conducir a disposición de la administración para el desempeño de sus funciones sin recibir nada a cambio. Para aquel funcionario que se opuso a pagar gasolina de su bolsillo se contaba con bonos de guagua, ahora a 14 euros al mes por bono. Esta magnífica gestión, por supuesto que redujo considerablemente los gastos en sanidad en este área de salud, pero supuso una drástica reducción de actuaciones de prevención sanitaria en la isla de Gran Canaria repercutiendo directamente en la salud de todos los canarios. Desmantelando de esta forma aplaudida y velada la protección del derecho a nuestra salud por los poderes públicos y creando desigualdades sanitarias en diferentes partes del Archipiélago.
Igualmente no han pasado desapercibidas sus dotes en gestión de personal expuesto a un elevadísimo riesgo psicosocial fruto de este atropello descarado desde que llegó a la Dirección de Área de Salud de Gran Canaria.
Básicamente esta elogiada gestión sanitaria por parte de estos managers sanitarios, charlatanes de bata y corbata ha consistido en robarle al ciudadano y estafar al funcionario. Este robinjunismo mal entendido de robarle a los pobres para dárselo a los ricos ha sido la línea de actuación de este Gobierno de “echarse flores” que aplaude sin cansancio esta violenta gestión sanitaria que nos empobrece y nos priva de nuestros tan pisoteados derechos, considerándola incluso como óptima en su mandato. Al mismo tiempo se aplaude esta gestión del personal sanitario sin precedentes, sometida a un maltrato institucionalizado.
Este Gobierno de las flores, flores ya marchitas, ha conseguido que tengamos la sanidad más precaria del país, con la lista de espera más larga de España, liderando el mapa de desigualdad sanitaria. Esta vitoreada gestión nos resta esperanza de vida y nos aboca al desamparo institucional y sanitario.
Nuestros sanitarios y pacientes no pueden más. Esta gestión sanitaria de la expoliación, de la que este Gobierno hace gala, es violencia institucional dirigida hacia los ciudadanos y sanitarios de canarias, es el cáncer de canarias. Una gestión que instrumentaliza nuestros precarios servicios sanitarios para saquear lo que es de todos dándole forma administrativa y empobreciendo impunemente nuestro sistema sanitario sin saber muy bien a dónde va ni qué se hace con ese dinero que se gestiona por whatsapp.
Maruxa Matamala




























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