Seguir la corriente

Opinion

Miguel Rodriguez Romero2022El pequeño paseo, que lleva a unos bancos de madera, está en la montaña del Burrero, mi playa favorita. Desde ahí contemplas el mar, siempre infinito. Da igual si hay viento, calor o frío; no importa.

Una tarde, sentado en uno de esos bancos, se acercó una señora, no muy mayor y muy bien arreglada, peinado de peluquería y maquillaje perfecto. La acompañan tres muchachos jóvenes. Se sientan a mi lado.

-¡Que alegría! Lo menos que esperaba era encontrarte aquí –me dice de repente.

Sorprendido, me giro, y contesto con un buenas tardes tenga usted.
Enseguida los chicos se acercan y me hacen una seña apuntando con el dedo índice hacia la cabeza. Uno de ellos me dice:

-Discúlpela, por favor. Mi abuela tiene Alzheimer.

Yo le respondo moviendo mi mano en señal de asentimiento. Y ella vuelve a dirigirse a mí:

-Supongo que estarás disfrutando del más bello paisaje del mundo, pues se ve clarita Fuerteventura hoy.

Por supuesto, no hay ni rastro de la isla, pero le sigo la corriente. Y ella continúa:

-¿Sabes? Creo que mi mente está enferma y que pronto me abandonará para siempre, pero, ¡schisss!, que no se enteren los chicos. Son mis nietos, y no saben nada.

-Será entonces nuestro secreto –repliqué.

¿Estarás mañana aquí? –me pregunta.

-Sí, por supuesto. Aquí estaré.

Después de nuestra agradable conversación, sus acompañantes la cogen del brazo, y se van. Caminaron unos pocos metros, cuando mi nueva amiga se gira y dice:

-Señor, por favor, ¿sabe si arreglarán mi lavadora hoy?

-Sí, señora –le contesto con seguridad–. No se preocupe, que hoy mismo quedará arreglada.

-Gracias entonces. Buenas tardes.

-Buenas tardes.

Lo chicos me miraron, con gesto de agradecimiento, cosa que por otra parte no hacia falta, ya que el agradecido era yo por la confianza depositada en mí.

Les vi alejarse y pensé: no importa el paisaje que quieras ver, amiga mía, porque siempre se presentará ante ti. Te lo has ganado, y por ello la vida debe recompensarte.

Tengo que dar las gracias a mi amigo Quico Espino, por sus inmejorables arreglos de mis relatos y por sus originales títulos. Su ayuda es inestimable
Miguel Rodriguez Romero

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