Paseo por el amor y la muerte

Opinion

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El título de este artículo está copiado del de una película que John Huston dirigió en 1969, cuya acción transcurre en 1358, durante  la Guerra de los Cien años: un joven francés emprende un viaje por su país, teniendo como meta llegar al mar, y es testigo de la muerte y la hambruna que diezma a la población. Funesto paseo el suyo hasta que se enamora de la hija de un señor feudal, una luz en su oscura vida, una hermosa joven que lo acompañará en la odisea que está viviendo.

Amor y muerte se conjugan hasta el final de la película, no como le sucedió a una pareja de jóvenes, dos buenísimas personas de las que soy amigo y admirador. Recién casados, muy enamorados, sólo reina el amor entre ellos. Se fueron a Inglaterra de luna de miel, el mes pasado, y me mandaron un montón de fotos de los lugares que visitaron y de las exposiciones que vieron.

En ese paseo de luna de miel, en el que la muerte no jugó papel alguno, derramaron amor hasta por los poros y llamaron la atención sus tiernas caricias y besos entre los visitantes de la National Gallery, que fueron a ver una exhibición de cuadros del pintor americano Winslow Homer (1836-1910):

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Estaban encantados. Aparte de hacer una pequeña reseña sobre las acuarelas o los óleos que veían, obras maestras del realismo espontáneo, casi impresionismo, se imaginaban en voz alta, sobre todo ella, historias que pudieran ajustarse a la composición pictórica. Por ejemplo, de este cuadro que aparece a continuación:

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…dijeron que representaba a una familia numerosa, dos esposas pendientes del hombre bígamo que cuenta los dineros, el cual está diciendo que ahora le puede comprar zapatos a los niños; por eso el chiquillo mayor esboza una sonrisa.

De estas dos muchachas que están recogiendo algodón:

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…arguyeron que las veían tristes, hartas de ser esclavas y soñando con la libertad que es inalienable a todos los seres humanos.

Y de esta otra:

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…dijeron que así debería ser la casita frente al mar que habían alquilado para pasar los últimos siete días de su luna de miel, en absoluta calma, sin ruidos, escuchando sólo el rumor de las olas.

Después de la National Gallery se fueron a Kew Gardens, donde se celebraba una exposición sobre México, sus plantas, su arte y su cultura: 

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…destacando la festividad de los muertos, que me recordó la película Coco.

-¡Qué calavera más guapa! No me importaría ponérmela de careta para los carnavales –dijo ella.

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Yo prefiero esta otra. Es más tétrica –replicó él.

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Fue la única vez que ambos pensaron en la muerte, pero la sintieron como parte de un ritual que los mexicanos celebran cada uno de noviembre.

Se olvidaron de ella cuando, llegado el ocaso, se encendió una maravillosa lámpara que levantó las exclamaciones de los asistentes:

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Y después de horas en tren, cuando llegaron al mar, que era lo que pretendían los personajes de la película arriba citada, los recién casados dijeron que el crepúsculo de Holywell Bay era digno de las puestas de sol de la playa de Sardina:

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Y vivieron unos días maravillosos entregados al amor. La muerte se hallaba tan lejos que ni se acordaron de ella.

Texto: Quico Espino
Fotos: François Hamel.

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