Hace un siglo, la crónica de una verbena canaria

José Luis Yánez Rodríguez Domingo, 18 de Septiembre de 2022 Tiempo de lectura:

verbenaun sigloFélix Aranda Arias, cordobés trasplantado a nuestras tierras y felizmente aquí enraizado tras su matrimonio con una artenarense, fue “amigo de los toros, de la caza y sobre todo de la amista”, tal como lo describiera Ervigio Díaz Bertrana.

Fue secretario del Juzgado de la Villa de Teror durante años, y no hubo evento social, cultural o político que, en la segunda década del siglo pasado, no lo tuviera a él como interviniente.

Crónicas periodísticas, veladas musicales, libros (prologó Teror, el libro que en 1918 publicara Francisco González Díaz) tuvieron siempre su firma como corresponsal periodístico en la Villa.

A Teror había llegado desde Artenara y terminó años más tarde en Santa Brígida, donde se jubiló.

Y aquí hizo la fantástica reseña que transcribo a continuación de la primera verbena canaria celebrada en Teror el 22 de septiembre de 1918, organizada por la “Liga Progresista y Forestal de Teror” conjuntamente con los veraneantes para destinar fondos a la compra de árboles para repoblar todo lo que se pudiera de muchas tierras abandonadas del municipio.

verbenaun siglo01Aranda escribió que aquella primera verbena con tipos y motivos canarios “fue improvisada de rápida manera, y sin embargo los resultados fueron felices atendiendo al tiempo y a las circunstancias.

La alameda de don Francisco Bethencourt López, presentaba en la noche del pasado domingo un golpe de vista insuperable. Los puestos, formados a usanza típica, estaban desempeñados por preciosas y simpáticas señoritas que inducían con sus encantos al consumidor a desembolsar todo cuanto dinero llevara encima por el placer intenso de depositarlos en aquellas manos nacarinas, dignas casi todas ellas de tierno y ferviente madrigal.

La luz dorada de los voltaicos, ponía una pátina fosforescente en los ojos de las bellas cantineras, rebosantes de entusiasmo, de risas argentinas, chasqueantes, como «risa» producida al caer de diamantes en finísimo cristal. Las floristas, con trajes sutiles, vaporosos, provistas de raros y caprichosos cestitos, hechos por manos divinas, manos de ensoñación, se movían incesantes, prodigando sonrisas, al tiempo mismo en que sus manos se posaban en las solapas, para trabar mimosas una flor que parecía una promesa, para depositar después en la diestra de la hermosa, unas monedas, que al recibirlas nos sonreían mostrando sus dientes blanquísimos, como pincelada marfileña en su estuche rojo.

¡Hermoso cuadro! ¡Inolvidable! Los que por desdicha hemos pasado de la edad de las juveniles ilusiones, quedándonos en el pelo gris los fríos desengaños del vivir, sentimos rejuvenecer nuestra sangre, ya apacible para retornar aquel feliz tiempo también impetuoso, tiempo de ilusiones, que, como las golondrinas del poeta, no volverán.

verbenaun siglo02Había varios puestos, de bebidas, café, un molinillo, y uno original que representaba una estación telegráfica, desde la que, los jóvenes depositaban despachos, en los que el ingenio se derrochaba, y enviados a su destino con pasmosa rapidez. Cada cual a su manera aprovechaba medio en broma, medio en veras, la ocasión para decirle una galantería a aquella en la cual tenía puestos sus ojos. Recordamos uno dirigido a Pinito Martinón (y perdone la simpática señorita esta indiscreción) que decía “A la cantinera más simpática de la verbena, digna de ser morena y sevillana”. Y efectivamente, el galanteador tiene sobradísima razón para desearla sea morena, sevillana, canaria, cordobesa y granadina, todo en una sola pieza; todo se lo merece Mariquita Martinón, es una de esas mujeres que poseen una belleza rara; que son bellas después que él observador hace un minucioso estudio de ellas, rectificando la impresión del momento; da la idea de las mujeres majas pintadas por Goya, o una figura escapada de un lienzo de Rubens. El cuadro de floristas, lo componían Doreste, Merceditas Pérez, Rosario Benítez y Juanita Bermúdez. todas ellas preciosísimas, con las cuales pudiera hacerse un ramo mucho más bonito que el que pudiera formarse con todas las flores naturales, y que nos traía al recuerdo una frase hecha por González Díaz en unos Juegos Florales. “Flores a las flores” “La Central de Telégrafos” estaba desempeñada por las señoritas Pinito Pérez Domínguez, Lolita Martinón y Paquita Pérez Suárez, tres preciosidades que con caras atraían los clientes, para dejar sus misivas y... el dinero.

Un puesto de bebidas, al frente del cual estaban Amparito García, Lolita Doreste, Pinito Rodríguez y Mariquita Martinón, las cuales llevan sobre sus conciencias, el que con su charlar como música venida del cielo, los muchachos cogieran cada «melopea» terrible al paso, que quedaban sin blanca. Otro también de bebidas y dulces desempeñado por Teresita Doreste, María Cantero y Ana Bermúdez, cuyas caras divinas, como de cuadros pintados por Romero de Torres también se daban una gran habilidad para sacar dinero.

verbenaun siglo03Otro de manises, almendras tostadas y galletas, en las que lucían sus cuerpos y sus caras bonitas las señoritas Lolita Henríquez, María Manuela Navarro, Pino Reyes Rodríguez, Pinito Quintana y Juanita Sánchez.

Y, finalmente, un puesto de café, de cuyo desempeño estaban encargadas las señoritas Frasquita y Mariana Pérez, Josefa Marrero, y las señoras Dolores Rivero de Hernández y Asunción Marrero de Rivero. Este puesto fue uno de los que más dinero recaudó, si bien es verdad que fue el más tardío, pues de entrada nadie tomaba café, pero cuando las calderas fueron subiendo de presión, el consumo fue enorme. La recaudación fue espléndida, como nadie se lo imaginaba.

Y ahora, en nombre de la junta directiva de la “Liga Progresista y Forestal de Teror”, réstame darles a todas las gracias, por su valiosísima ayuda, y muy especialmente a los jóvenes de ambos sexos de la colonia veraniega”

Aquel modelo de verbena festiva al modo y usanza de la tierra, abandonado durante años, se retomó con la intervención de los terorenses de hace siete décadas, con la participación entusiasta de la compositora Herminia Naranjo.

También por la misma época, la isla entera, en los años cincuenta hasta fines de los setenta, se llenó de verbenas canarias desde las fiestas de la Virgen de la Cuevita en Artenara, el Real Club Náutico, las de Nuestra Señora del Carmen en La Isleta, San Isidro de Gáldar; Ingenio, Los Llanos de Telde, la piscina Julio Navarro, San Mateo o el barrio capitalino de Rehoyas Bajas.

Félix Aranda falleció en enero de 1963. La casa de su hijo, el abogado Santiago Aranda Aguiar es actualmente la sede del Museo Etnográfico Casas Cuevas de Artenara.

Fotos: la verbena canaria de Teror en 2018, un siglo más tarde de la primera.

José Luis Yánez Rodríguez
Cronista Oficial de Teror

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