Apariencias
La tarde estaba maravillosa. Invitaba a pasear; no hacía viento y el cielo, gris plateado, la hacía más agradable aún, por lo que no pude resistirme a salir de paseo.
Llevaba ya un buen rato caminando cuando, al pasar por delante de la casa de mi amigo Pepe, el médico, coincidí con él.
Salía de su huerta y empezamos a reírnos de nuestras pintas: él, con zapatillas sin cordones, pantalón amarrado a la cintura, camiseta indescriptible y sombrero de palma, tirando de la carretilla vieja y con sacho en ristre; yo, en cambio, de señorito: zapatillas nuevas, pantalón vaquero desteñido y camiseta azul celeste.
De pronto, se nos acerca alguien que me conoce a mí, no a él, y exclama: ¡Ños, Miguel, pareces un médico! Mi amigo y yo nos miramos con una sonrisa cómplice y,
cuando nos quedamos solos, Pepe, al más puro estilo cervantino, me dice:
-Convendrá conmigo vuesa merced en que hay cosas que al parecer parecen ser, y no son, y cosas que son porque las vemos pero no se pueden creer.
El comentario nos hizo partirnos de risa.
Continué mi camino y no pude evitar pensar en que, por regla general, tendemos a juzgar a la gente injustamente, según su aspecto exterior, si tener en cuenta lo mucho que puede haber dentro y lo que podemos aprender de ellos.
Naturaleza humana supongo, pero, en mi opinión, deberíamos intentar aprender de aquello que no nos gusta, porque de lo que nos gusta ya andamos sobrados.
Miguel Rodríguez Romero





























Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.152