Que no, que no, que no me voy de aquí hasta por la mañana' así se cantaba en el cruce de la playa de La Aldea, este domingo once de septiembre, poco antes de que la Banda de Agaete comenzara a tocar, iniciando el baile querido hacia el muelle.
Con este canto se dejaba claro que después de dos día a tope, en La Aldea seguía latente la jiribilla festiva, y tanto que cuando la Banda inició el baile con el Soy aldeano señor, las cestas, timples y guitarras se alzaron al cielo, dando vida a esa estampa hermosa del comienzo del día del Charco.
A algunos les costó sumarse a la danza, ya que se echaba de menos a la compañera de toda la vida, pero esa ausencia en cierta forma fue recompensada por quien poniendo el brazo sobre los hombros, se lanzó a bailar, para sustituir con todo el cariño a quien es insustituible.
Y se bailó gozando, con paso rápido hasta el muelle, para disfrutar dos años después de esa danza con el mar cerquita, tanto que daba tiempo para un chapuzón y con la misma seguir meneando el cuerpo.
Y en el parque Rubén Díaz comenzaban los preparativos del almuerzo familiar que se iba a compartir. Desde Arucas llegó Rita con amigos y vecinos, que aseguraban que nunca se habían perdido un día del Charco. Y después del parón obligado, dos años después, volvieron con todas las ganas de disfrutar.
Más allá, también desde Arucas, pero con asiento en Bañaderos, estaba Alberto con amigos de Tenerife que colgaron una hamaca para descansar un poquito después de tanto ajetreo festivo.
Y al otro lado del parque, pletóricos, brindando la hospitalidad aldeana, estaban lo Suárez Ojeda, invitando a paella y asegurando que estos días de fiestas les ha devuelto la vida.
A media tarde, sonaron las guitarras y timples animando las parrandas familiares como las de Los Ramírez del Hoyo, “ los boliches”, dándolo todo.
Y en ese parque que es vida en el día del Charco, se reencontraron las amigas Margarita y Vanessa, para comenzar el nuevo año aldeano juntas, sin que hicieran falta palabras para saber que estaban la una con la otra para siempre.
Y Marta con Rosa prepararon ese rico café acompañado del licor de papas, encantadas con el nuevo miembro de la familia, el pequeño noruego aldeano, German José, que por primera vez, recibiría la bendición de esas aguas sagradas del que es su pueblo.
Y añurgada estaba Mary Carmen en este regresar a La Aldea, acompañada de su hijo Jose, recordando cuando el que ya es un hermoso hombre, se tiró al charco con el traje de la primera comunión. Y en ese añurgamiento estaba el recuerdo de la madre y abuela querida que tanto disfrutaba del día del Charco cada once de septiembre.
Y a las cinco de la tarde, con ansias y con devoción, La Aldea se tiró al Charco, renovando la promesa de vida.
Ni sonaron las doce campanadas ni se tomaron las doce uvas, pero a las cinco de la tarde, La Aldea feliz, inició su año nuevo.
Cómo manda la tradición se pescaron las lisas, con triunfo absoluto del equipo de Los Nietos de Gabriel en todas las categorías del popular concurso.
Y pesando junto a las queridas Eulogia y Tili, llegó la savia nueva de Alejandro y Ani que ya cogieron el truco, porque este concurso es pura diversión y de la buena.
Hay que estar en La Aldea cada once de septiembre, para despedir el año que se va y recibir con el baño en El Charco, con alegría y esperanza, el año que comienza, con la fortaleza de Encarna y su familia, en especial de Ofelia, a la que con todo nuestro cariño le dedicamos este artículo.
01 Punto y final a la trilogía festiva aldeana: El Charco, por Marta García Álvarez (529)
02 Amplia galería fotográfica de El Charco 2022 en este enlace (593)
































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