Obras son amores y no buenas razones
El refranero español suele dar respuesta a los múltiples entresijos y dilemas que nos presenta la vida, en este caso la vida pública. Pero tranquilos, no voy a soltar un rollo de los míos, por lo que prefiero ir al grano.
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Las preguntas que inevitablemente me tengo que hacer son:
¿Por qué siempre no es así, es decir, que la calidad en las obras sea una exigencia?
¿Por qué este esmero y sus acabados aquí relatados no son los mismos siempre, en función de la zona del municipio en el que se ejecutan?
¿Por qué se realizan obras que “nadie” ha pedido, mientras que las obras reiteradamente peticionadas por los vecinos, de máxima necesidad, no se atienden nunca o tardan décadas en realizarse?
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Podría hacerme mil preguntas más, pero lo voy a dejar aquí…
La mayoría de ciudadanos, entre los que me incluyo, no tenemos aspiraciones políticas ni de ningún otro tipo, por lo que sólo deseamos el buen funcionamiento de los servicios y obras públicas. A lo que si aspiramos es a que “obras sean amores y no buenas razones”, también en los barrios...
Paco Vega


































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