Cuando levantaron el edificio que muestra la foto, surgió una esquina interesante, alegre y dispuesta a convertirse en lugar preferido de la charla distendida de los vecinos: con sombra incluida se convirtió en un regalo de dioses. Y así fue durante un tiempo; incluso colocaron un banco que sorteaba la inclinación del terreno. Todo un éxito en el populoso barrio de Santidad, en Arucas.
Hasta que llegaron, sin previo aviso, los contenedores de basura con sus olores peculiares. Entonces, el emblemático lugar perdió todo su encanto y belleza. Y las personas mayores, y de todas las edades, que por allí recalaban, desaparecieron rápidamente: como si se hubiese producido un golpe de magia, cambió la tertulia de sitio: ¡el gabinete de crisis buscó otro echadero donde pasar las calurosas mañanas y las tardes agobiantes!
¡Y hasta la fecha!
Juan FERRERA GIL





























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