Desde principios de junio, Las Canteras parece transformada en un aula más, en una clase infinita y cambiante de la realidad canaria.
Como se sabe que desde principios de junio ya huele a vacaciones escolares, muchos centros recalan en la emblemática playa con el fin de distender las cuatro paredes de la clase y ampliar el horizonte del alumnado, independientemente de su edad. Y eso está muy bien: ofrecer otras posibilidades, otras actividades, a los alumnos es algo que los profesores siempre tienen en cuenta.
La Playa de Las Canteras se convierte así en una gran clase donde distintos monitores explican su buen hacer, donde el aire libre no solo es el rompimiento de las cuatro paredes sino la realización misma de un nuevo descubrimiento: son tantas las posibilidades y oportunidades que ofrece el lugar que con una sola sesión se nos antoja insuficiente. Por eso la chiquillería se adueña del sitio. Y lo disfruta.
Juan FERRERA GIL































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