Cuando los libros de texto tenían su importancia vital en la conformación del alumnado, tanto de la desaparecida EGB como de Bachillerato, los tiempos eran otros; muy distintos a esta hojarasca reformista, y “marchesiana”, de la educación, y tal vez de las costumbres, de las últimas décadas, que se ha materializado en la consiguiente pérdida de sustancia de la enseñanza.
Y, así, la educación ha ido perdiendo su modo de ver y su manera de sentir gracias a tantas reestructuraciones que se han verificado con la excusa de plasmar los cambios sociales. Y, desde hace ya algún tiempo, se ha desprestigiado tanto el uso del libro de texto que ha traído como consecuencia, por un lado, la irritabilidad de los profesores que son y fuimos, y, por otro, ha convertido en hecho extraordinario a aquel alumnado que lo manejó, estrujó y trabajó en cursos que empezaban en octubre y acababan en junio: períodos intensos en los que aún la escuela no estaba considerada como “un aparcamiento de jóvenes”. Es decir, que la normalidad de antes, siempre tan presente, se ha transformado en algo excepcional. De todas maneras, dejemos bien claro que los libros de texto, en diversos formatos, aún permanecen. ¡¡Menos mal!! ¡¡No todo se ha perdido!!
Pero, en realidad, de lo que queremos hablar es de aquellos libros que marcaron nuestra primera etapa de profesor, cuando comenzábamos una experiencia laboral que nos ha traído más sabores que sinsabores, más alegrías que tristezas y más aciertos que errores; si bien, serán otros los que digan la última palabra. Seguramente habrá habido de todo, como en botica. Ya se sabe que la imperfección que nos acompaña desde hace un porrón de años es nuestra mejor característica definitoria. Acaso sea así con todos.
Pero hablemos de lo importante y significativo: los libros de Lengua (de Fernando Lázaro) y Literatura (de Vicente Tusón y Fernando Lázaro) del desaparecido Curso de Orientación Universitaria (COU), de la editorial Anaya, obras expertas salidas del trabajo conjunto de los dos investigadores anteriormente nombrados, no solo sirvieron para apoyar una determinada estructura académica, sino que, además de guardarlos desde hace años “como oro en paño”, logramos verificar, desde el primer momento, su extraordinario valor como elementos de apoyo permanentes ante un alumnado que crecía mental y físicamente y que estudiaba mucho. Cuando nos atrevimos con la difícil Literatura de COU, en aquel tiempo el alumnado debía leer, nada más y nada menos, ¡diez libros! en nueve meses, aunque después nos conformaríamos con ¡tres!, y nos seguía pareciendo maravilloso, una de mis compañeras (y, sin embargo, amiga) de departamento de la Universidad Laboral, donde trabajaba entonces, nos lo dejó muy claro clarito:
---Si quieres impartir Literatura, el libro te lo has de saber de memoria.
Y recordamos aquella etapa con alegría (la materia se amplió en cuatro archivadores repletos de teoría y comentarios), a pesar de que nos trajo en vilo al intentar transmitir la pasión que sentíamos, y sentimos hoy más que ayer, por la Literatura. En cualquier caso, aquellos extraordinarios libros aún hoy lo siguen siendo. Es verdad que las cosas han cambiado y que los tiempos son otros, eso nadie lo pone en duda. Sin embargo, deseamos dejar bien claro que estas palabras se han de contemplar como un pequeño homenaje y reconocimiento a los libros que nos acompañaron durante muchos años en la enseñanza que ofrecíamos en La Laboral, verdadero y sincero enclave académico que apostaba por su renovación y adaptabilidad constantes. Y con el manual de Lengua, sucedió lo mismo: otras compañeras (y, sin embargo, amigas) nos resolvieron, con extraordinaria paciencia, las dudas sobrevenidas.
Así que Fernando Lázaro y Vicente Tusón, da igual el orden en que se nombren, continúan muy vivos en nuestra realidad y en nuestra memoria: sus libros siguen siendo auténticos manuales de consulta en los que seguimos aprendiendo. Hoy, es verdad, hay otros métodos, otras variables, otros caminos. Como debe ser.
¡¡Pero los libros de texto de aquel tiempo nos siguen pareciendo únicos y maravillosamente extraordinarios!!
Juan FERRERA GIL
































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