La Playa de Las Canteras no solo resulta novedosa cada día, siendo la misma siempre, sino que, además, posee la virtud de cambiar la mirada, reubicarse nuevamente y volverse a mostrar diferente. El que mira, entonces, queda abrumado ante tanta personalidad.
¡Y pretende seguir sus pasos arenosos y salados!
Bien es verdad que los playeros dicen mucho de su carácter; bien es cierto que cada momento ofrece el matiz del día nublado que se despereza en el mediodía; sin embargo, es tan tolerante la playa que cabe todo el mundo en ella. Y eso dice mucho de su idiosincrasia y de su temperamento.
Por eso siempre que la visitamos nos parece nueva, como un libro que se abre al momento íntimo y solitario de la lectura. Mirar Las Canteras es leer distintas historias y aventuras, que de todo hay.
Juan FERRERA GIL































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