La cafetería de la esquina, donde Albareda con Ferreras, en la capital, tiene su aquel.
Transitada, según las horas, por un público variopinto ofrece la tranquilidad del breve y merecido descanso, a pesar de que el bullicio del tráfico nunca se detiene. Sin embargo, la gente parece aislarse entre cortado, magdalena y café. Porque la cafetería de la esquina es tan novelera que la conversación traspasa las mesas e inunda el local de un murmullo que también tiene su aquel.
Ha vuelto a recuperar su particular mirada, donde el trajín de media mañana solo descansará, ligeramente, en las horas del almuerzo. Luego, por la tarde, se verificará la segunda parte de la distendida charla con otras personas, casi personajes, otras historias que contar y, de fondo, continuará el bullicio incesante del tráfico, como un lejano rumor que va al encuentro del cercano mar.
Juan FERRERA GI































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