Asomada

Opinion

El cuadro que nos acompaña en esta ocasión es obra original de Maribel Soria Fuentes, a la que no tengo el gusto de conocer, y fue publicado en Infonortedigital el pasado lunes, 11 de julio.

Sin embargo, no me hace falta conocer personalmente a su autora para lo que quiero decir. La imagen acompaña a un microrrelato de la pintora, con lo cual la doble interpretación está más que servida, tan sorprendente que he tenido que leerlo unas cuantas veces, debido, más que nada, a mi torpeza lectora, que me acompaña desde siempre. En cualquier caso, ese no es el asunto. A mí lo que me llama la atención significativamente es el retrato del lugar.

Me parece una genialidad por diversas razones: en primer lugar, el punto de vista no solo es omnisciente (ahí hay una historia) sino que, además, deja bien claro un hecho tan extraordinario como cotidiano: asomarse a la azotea y mirar, con todo lo que ello conlleva; en segundo lugar, el conjunto de casas terreras de diversos colores parecen morir, en la montaña del fondo, en una sucesión estrecha de sensaciones diversas y sugeridoras: y, por último, ha servido este cuadro para recordar, y recuperar, los agradables colores del desaparecido Jorge Oramas (bueno, esta es otra historia).

Lo que verdaderamente me agrada del lienzo de Maribel Soria Fuentes es su peculiar mirada, de la que deja traslucir su pasión por los detalles (por ejemplo, las macetas de la azotea, en una esquina, así como el delantal de la mujer que se asoma) al mismo tiempo que la visión se expande hacia el cielo azul y claro. No sé si es el mediodía, pero por ahí andará. La soledad de la calle tiene clara correspondencia con las puertas y ventanas cerradas y la mujer que se asoma da la sensación de haber hecho un alto en el camino, quizás buscando el saludo del día o el vano deseo de encontrar las palabras que rompan el tiempo.

Yo solo sé que este paisaje me ha dejado traspuesto, agradablemente, por supuesto: la delicadeza de los tonos habla de una mano suave y tranquila que elige, con pachorra isleña, el matiz preciso de los acertados colores. Y, como no soy crítico de arte, ni lo pretendo, creo que encierra varias historias “de la tierra canaria”, que dirían los hermanos Luis y Agustín Millares Cubas

De todas maneras, escribir un artículo como éste resulta muy agradable: yo solo he hecho la mitad.

Texto: Juan FERRERA GIL
Ilustración: Maribel Soria Fuentes

 


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