Los globos, llenos de mil colores, siempre regresan por las fiestas.
Cada año, el ritual: colocado en lugar estratégico, el vendedor de globos no solo se muestra interesado en la mirada de los adultos, sino que intenta atraer la visión inocente de los más pequeños, que siempre descubren otras cosas, otros detalles, otras sensaciones que para ellos simbolizan la perfección de un mundo en el que la imaginación parece detenerse. Es la mirada infantil única y sincera, donde los globos, al viento, les hablan de cuentos, dragones, príncipes y princesas que se elevan en el cielo en busca de mil extraordinarias aventuras: la bóveda azul es un castillo inexpugnable donde la vida transcurre como la página de un libro infantil. Así que esa recurrente escena cotidiana, cada junio se transforma en una nueva página del cuento aún no escrito, que atrapará a otros lectores menudos y perseverantes.
El deseo de encontrar y atrapar la felicidad permanente, a veces, se trabuca en inevitable llanto desesperado. Pero esa es otra historia.
Juan FERRERA GIL































Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.220