Todos encontrarán su lugar
Me dormí profundamente y soñé.
Soñé que estaba en un cuento de fábulas, en el que todos hablaban en un mismo idioma, animales, plantas, y hasta las rocas podían comunicarse.
En mi feliz paseo, encontré, asomado en la enorme ventana de su cuadra, a un viejo caballo, que observaba a un numeroso grupo de potros en el prado.
Me acerqué y le dije: los jóvenes están locos.
No es cierto, me dijo, girando su cabeza enérgicamente. No es verdad; no comprendo por qué los humanos tienden siempre a auto destruir sus tesoros.
Los jóvenes están llenos de vida, añadió; son vigorosos y no es verdad que estén locos, ni que tengan un futuro incierto, ni siquiera que sean una generación perdida, dado que eso no existe.
En su mayor parte están preparados, o se preparan para luchar por su futuro.
Fíjate bien en los potros: unos pastan tranquilos y dialogan entre ellos, quizás de lo que quieren estudiar.
Otros corren y seguro que desean ser deportistas de élite.
Y por último tenemos ese pequeño grupo que no hace nada, sólo llaman la atención con sus relinchos y sus manos al aire, pero ten en cuenta que siempre los hubo y siempre los habrá, como cuando éramos jóvenes nosotros.
Pero al final, todos encontrarán su lugar, como ha sido siempre.
Así que, por favor, no me hables mal de ellos porque son la esencia del futuro, y sí que están preparados, aunque haya algunos que no estén interesados en reconocerlo.
Joder, qué mala suerte. Me he despertado.
Miguel Rodriguez Romer






























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