Catalina García Rodríguez 'in memoriam'
Danza macabra la de la parca, que acaba parando en el lugar más inadecuado, llevando en su alboroto a quien menos lo esperaba, ni esperábamos. Acontecimientos imprevistos, que ni por asomo se sospecha su cercanía, son los que más desasosiego provocan. Alargas la mano y no logras alcanzar a esa persona, con quien tanto compartiste («se me ha muerto como del rayo» dijo Miguel Hernández). La vida en ocasiones es generosa, permite que te cruces con personas que dejan profunda huella. A esa inicial generosidad también se suma a veces el trágico desenlace de una inesperada pérdida, quizá igual de azaroso como lo fue el propio encuentro. Porque todo es así, sin que medie previsión alguna, acaso se haga más necesario aprender a vivir. Aquello que decía el filósofo: primero vive y después filosofa; sí, él lo decía en latín, pero no es plan.
La pasada semana (el martes 10 de mayo, por lo de la concreción), recibía una llamada de las que te dejan con la sangre helada. Nuestra compañera, y entrañable amiga, Catalina García había sufrido un ictus, que con el paso de las horas conocimos su irreversibilidad. Como consecuencia de ello fallecería días más tarde. Quizá, dando muestra de su potente actividad mental, no con la rapidez que se preveía. Quienes le profesábamos enorme cariño, en primer lugar su familia directa, quedamos consternados, acaso porque nunca pensamos que iba a tener ese final y tan temprano («Temprano levantó la muerte el vuelo», continuando con Hernández), pensábamos compartir más vivencias con ella.
Catalina García Rodríguez (qué tengo madre, me espetaba cuando omitía su segundo apellido), pasó la mayor parte de su trayectoria profesional dedicada a la docencia, a la que se incorporó tras haber pasado por otras actividades, entre otras la oficina de farmacia que regentó. En lo que a la docencia se refiere, la de mayor dedicación temporal, estuvo primero en la Rama de Peluquería y Estética y, con los cambios normativos, en la Familia Profesional de Imagen Personal. En aquella como Tecnóloga de Peluquería y Estética y, en esta, como especialista en Asesoría y procesos de Imagen Personal (API). Todo el tiempo en el mismo centro, aunque como gustaba recordar: administrativamente pasó por varios, por mor de las exigencias de la planificación de la Consejería. Durante el transcurso de su vida docente ocupó diversos cargos en dicho centro: desde el de Secretaria al de Jefa de Departamento, o Jefe, como ella dejaba registrado en los documentos.
Quienes tuvimos la enorme fortuna de acompañarla durante una gran parte de su carrera docente, fuimos testigos de su valía y dedicación profesional. Su mente bullía de modo permanente, alumbrando ideas sin solución de continuidad; sin menoscabo del resto de personas que compartimos tiempo y dedicación, nadie puede negar su gran influencia en las mejoras sustanciales de las enseñanzas profesionales e instalaciones adscritas al Departamento Didáctico de Imagen Personal del CIFP Cruz de Piedra. Todo el tiempo resultó así, pergeñando nuevas ideas que contribuyesen a acercar las enseñanzas a un escenario lo más cercano posible al entorno laboral con que se encontraría el alumnado. No en vano, se puede afirmar sin pecar de inmodestia, las instalaciones dedicadas a dichas enseñanzas profesionales en el referido centro están bastante avanzadas con respecto a otros donde se imparten las mismas. Todo ello, mérito de ella, de Catalina.
El empeño que puso siempre en alcanzar las mejoras nunca fue baladí. En todos los casos motivaba y justificaba sus peticiones, insistiendo en ello hasta la extenuación y, por qué no, lograr la concesión por parte de quien tenía la responsabilidad de otorgar la mejora. Tal era el rigor a la hora de justificar las necesarias mejoras, que la documentación generada era bastante notable. Más o menos abultada en función de la reticencia en la aprobación de quien tuviese que permitirla. Difícil papeleta para quienes no atendiesen a las detalladas justificaciones, pues no era fácil que cejase en su empeño, siempre en beneficio del alumnado.
Catalina, no sólo deja profunda huella en quienes tuvimos el enorme privilegio de compartir una parte importante de su vida, también hizo lo propio en las alumnas a las que tuvo bajo su eficaz magisterio. En muchos casos, la relación iba más allá de la obtención del título, era elogiada y recordada por su alumnado. Quizá, aún ha transcurrido poco tiempo desde su desgraciada pérdida, habrá quienes no se hayan enterado de la misma, y no dudo que tengan un momento en su pensamiento para expresar el dolor por su óbito.
Ahora, cuando mejor estaba, disfrutando de su jubilación y de su familia, tras los años de dedicación profesional hemos de lamentar su pérdida («Un manotazo duro, un golpe helado, / un hachazo invisible y homicida, / un empujón brutal te ha derribado», continuando con Miguel), de la que tardaremos en reponernos aunque la vida deba continuar, en especial como homenaje a su figura, nos afearía que no lo hiciésemos.
Vayan mis reflexiones en este punto para su familia inmediata, sus tres Diegos, de quien tan orgullosa se sentía y lo expreso con conocimiento de causa por los momentos que compartimos y comprobar cómo se iluminaba su rostro cuando a ellos se refería. Soy consciente de que sentirán un profundo vacío por no contar con su presencia; sin embargo, sé de la fuerza con la que habrán de afrontarlo, su influjo —donde quiera que esté— valdrá para ello.
Podría continuar con un sinnúmero de anécdotas y vivencias compartidas con ella, pues al rigor en el trabajo unía un enorme sentido del humor, de ese humor inteligente que incorporaba una notoria carga de ironía. A ver quién me enviará la viñeta de Morgan, con la que me obsequiaba. De su probada generosidad, como no tuvimos duda quienes la queremos, dio muestras hasta el final de sus días. Catalina, mientras continúes en nuestro pensamiento, permanecerás entre nosotros, siempre.
Leonilo Molina Ramírez































Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.152