Amor luminoso sobre fondo azul.
La base, sobre el banco de la plaza, convertida también en elemento mágico. Y cuando oscurece, la luz encendida habla de compañía eterna y segura, donde ni siquiera se espera que la incertidumbre haga su aparición. Es un amor incondicional que, al estar representado por unas farolas, no solo gana fuerza y sinceridad, sino que, además, prolonga su poder, y tal vez su pasión, durante las veinticuatro horas del día. Porque ese amor representado no puede desaparecer en la oscuridad, aunque la noche sea muy negra. El intenso azul del día llena de juventud su apagada luz para demostrar que las cosas bien hechas han venido para quedarse.
Por eso, estas farolas, que lucen en la nueva Plaza de San Mateo, representan un instante de plenitud que ningún mensaje telefónico, hoy tan de moda y tan perseverante, podría romper. Ni mejorar.































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