En la mañana del domingo, 10 de abril, comienza otra vez la Semana Santa en Arucas.
Después de dos años de parálisis, producida por la pandemia que nunca llegamos a imaginar, las calles de la Acequia Alta y La Cerera volvieron a las costumbres de siempre, donde la normalidad de la vida cotidiana intenta abrirse paso. Felicitamos a todos los vecinos que han dedicado su tiempo, esfuerzo y trabajo para que las renovadas alfombras vuelvan a lucir en todo su esplendor. Es de agradecer que las cosas se parezcan a las de antes, aunque este año ha habido menos alfombras, donde la magia del saludo, de la charla, de la conversación distendida adquiere todo su poder de cercanía. Antes, acostumbrados como estábamos, ni nos dábamos cuenta. Pero, ahora, con la experiencia de la pandemia, el volver a recuperar “¡Hola! ¿Cómo te va?” no solo resulta una novedad sino que, además, es la afirmación del ser humano.
Vimos a gente joven que arrimaba el hombro junto a otros mayores y veteranos en este agradable empeño de alfombrar. Las primeras alfombras que anticipan el Corpus en Arucas han regresado casi en silencio; sin embargo, su grata presencia se reivindica como si fuera la primera vez. Así que la Procesión del Señor en la Burrita nos ha devuelto la cotidianidad perdida. Ya solo falta que las mascarillas desaparezcan para que la sonrisa abierta y sincera se abra paso definitivamente y la mirada, que tanto echamos de menos, regrese en su costumbre.
Los vecinos de la Acequia Alta y La Cerera han respondido como ellos solos saben hacer.
Así que sus miradas, tan únicas y especiales, nos han devuelto, una vez más, la esperanza.































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