En la Avenida de Visvique (popularmente, del Colesterol) el muro recién pintado no ha durado ni veinticuatro horas.
Imaginamos que un pequeño grupo de descabezados lo han utilizado para garabatos horrorosos que hablan de mala educación, falta de respeto y subnormalidades varias. Ni siquiera hemos podido disfrutar del trabajo serio de un equipo de chicos y chicas que, a través de un taller de iniciación, primero adecentaron el largo muro y lo uniformaron y nivelaron para, después, otro grupo de jóvenes lo pintaran. Han estado días y días trabajando. Al final, la subnormalidad de unos pocos se levanta sobre la mayoría silenciosa y destruye el entorno, emulando así a la idiotez más tonta y desarraigada. De la misma manera que cada sábado, a horas tempranas, circula por el lugar un coche arrojando huevos a los transeúntes que caminan, ahora le ha tocado el turno al viejo muro que habla de una parte de la historia local.
Y lo que no puede ser no puede ser. Estos energúmenos fracasados en sus personales vidas harían bien en emplear el tiempo libre en no fastidiar el trabajo de los demás. Con eso solo nos podríamos conformar.
Juan FERRERA GIL
































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