Microrrelatos: "Diario íntimo de una escritora"

Acabo de releer un viejo poema que escribí en El ojo de la hembra, estoy revisando todos los que tengo entre la computadora y la libreta para publicarlos en Despertares.

Pino Navarro Almeida Lunes, 28 de Febrero de 2022 Tiempo de lectura:

oznorMBManagua, 3 de enero de 1994. 2:20

 

La silla giratoria azul quedó manchada de semen para siempre. Mañana llevaré trapeador y `sistin ́* para limpiarlo. No me avergüenzo de nada. Tampoco pudimos evitarlo. Los compañeros habían salido al almuerzo, nos quedamos solos en la oficina, ya presentíamos que podía pasar y de alguna manera renunciamos al pollito con frijoles en favor de un polvazo. Cuando los recién almorzados volvieron a la tercera planta de nuestro decrépito edificio, le guiñé un ojo a Leticia.

 

No puedo dormir, me he levantado de la cama, al hacerlo casi despierto a Adriana y Charlie. A partir de hoy dejo de ser la buena esposa, la mujer decente que creía ser, o tal vez no tanto. Me disfrazo a ratos de la mujer que quiero ser, otros de la que creo ser y a ratos aunque lo odie, de la mujer que mi madre quiere que sea.

 

Es como estar permanentemente en el febrero carnavalesco. Albergo en mi cuerpo a todas estas locas que me hablan a la vez. ¿A cuál de ellas escucho esta noche, cuál de ellas no me deja dormir, la esposa decente, la niña buena, o a la mujer hecha y derecha? ¿Cuál de ellas folló esta mañana?

 

Acabo de releer un viejo poema que escribí en El ojo de la hembra, estoy revisando todos los que tengo entre la computadora y la libreta para publicarlos en Despertares. Este viejo poema reencontrado, releído y reescrito me conecta esta noche con esa frase de “no me arrepiento de nada” de Edith Piaf. No me arrepiento del goce, de las prisas, de haberlo hecho en la silla del jefe, de mi cuerpo tumbado en medio de esa mesa redonda de madera y de él penetrándome hasta donde es posible hacerlo, de mis pantis de flores a media pantorrilla, y de sus pantalones de pana marrón apenas desabrochado. No me arrepiento de las prisas, de su boca dentro de la mía, de mi cuerpo adulto y sinuoso, ancho y abierto, deseándolo y esperándolo.

 

Hemos sido compañeros de lucha, juntos fuimos correo clandestino en uno de los viajes a París. Habíamos hecho el amor mil veces, con la mirada, con la palabra, con la discusión y con la complicidad que da trabajar de noche en la redacción.

 

Fuerte, moreno, con esa mirada oscura, escondida, audaz y tímida a la vez. En tres minutos nuestros cuerpos hablaron del deseo contenido en los veinticuatro años que nos conocemos, de los miedos vividos, de la lucha, del horror, y de la muerte de compañeros. Ahora lloro, no sé muy bien por qué, pero lloro desconsoladamente. Agarrada a esta noche seguiría escribiendo pero mañana temprano tengo que cocinar y dejar a Adriana en el cole. Así que me regreso a mi cama.

 

*Sixteen: producto de limpieza

 

Pino Navarro Almeida

 

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