Microrrelatos: "Fue casi de remplón"

Fernando Tocino Viedma Lunes, 24 de Enero de 2022 Tiempo de lectura:

fernandotocinoviedma2022Fue casi de remplón. Estaba sentado en la acera de la calle húmeda con los bártulos tirados como trozos de historias esparcidos sin orden sobre los adoquines de aquel frío e irregular pavimento. Un puzle que recomponer que todavía no se le esperaba, y que llevaría algo de tiempo ordenar y recolocar. Fue más bien de remplón. La farola para más inri fundía su bombilla y aceleraba la oscuridad que se respiraba en la calle sin nombre. Tan sólo recuerdo que era una calle sin salida en algún municipio de la isla. Una calle donde el coche entraba de frente y tenía que salir de culo, ante la imposibilidad de tener un margen de maniobra para doblar o girar. Era una calle premonitoriamente sin salida. Sin salida llegué y sin salida me echaron, o tal vez, fui yo el que me fui. La idea del desahucio apareció y se ejecutó. Ya el banco me había avisado, pero nunca atendió a mis razones y a la búsqueda de posibilidades de arreglar aquella situación. Al final los bancos no tienen corazón y se agarran al dinero, sólo al dinero. El banco no atiende a razones y busca sólo su propio interés. Al principio te da todas las ventajas posibles y te vende su corazón humilde y sincero, pero como cometas el error de retrasarte en el pago de lo estipulado, argumentando razones coherentes y de peso, saca a la luz su verdadera naturaleza de oscuridad y te castiga. Al fin y al cabo, siempre algún altercado tendrás con el banco porque el banco, es de naturaleza caprichosa y no atiende a la parte emocional de las personas.

Sin embargo, no todo estaba perdido. Empecé a mirar mis pertenencias espolvoreadas por todos lados y divisé que algo de sentido tendría volver a recolocarlas de forma diferente. Esa era la cuestión. Colocar las cosas siempre en el mismo sitio y en el mismo orden quizás era el principal de los males que tenía, despreciando así la máxima del orden de los factores no altera el producto. El producto sí se altera cuando cambias el orden de las cosas y sus prioridades. Y las mías eran, buscar casa, habitáculo y mandar a pulpiar a los bancos el resto de mi vida.

Fue de remplón cuando apareciste en el callejón sin darme cuenta de tu presencia, cogiéndome la mano fría y notando el calor de tu tacto y tu sentir. Era un diciembre de calor y ya no llovía ese día. Reconozco que salvaste mi corazón y me diste alegría, si bien yo aparentaba estar esperando el tren con mente puesta hacia un destino, una deriva consentida. El invierno apuntaba a cruel y no había pájaros que bailaran en el lienzo con su habitual algarabía. Me hablaste así de bien como chocolate para mis heridas, cerrando con guarapo y miel, los tajos y las grietas recibidas. Seguro que había huelga ese día, por lo que el tren no llegaba tras horas de espera. Juntos tomamos buches de alcohol, risas, llantos y tiritas fuimos cerrando penas y dolor, gastando el bote de mercocromina. Quemamos naves de dolor y todo fue así, de remplón. Fue de sopetón, un bofetón directo al corazón un estallido perfecto, cuando menos lo esperaba apareciste de remplón.

Me ayudó con los bártulos repartidos a partes iguales para soportar la carga. Caminamos juntos desapareciendo al final de la única salida que tenía aquella calle. Yo,alegre y mi voz interior, motivante

Fernando Tocino Viedma


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