Lo que no está bien, casi nunca está bien: las mentiras constantes y sonantes de los políticos de turno se vuelven contra ellos.
Hace ya seis meses, con toda la parafernalia informativa movilizada, incluida la prensa escrita isleña, el grupo de gobierno aruquense se trasladó hasta la Montaña de Arucas para hablar de mejoras en el lugar, tan abandonado en los últimos tiempos. Si lo que dijeron en aquellos días fuera verdad, ahora mismo estaría la obra casi terminada. El alcalde anunció, junto a sus concejales, las bondades de la reforma y lo que suponía para el municipio que, en esta ocasión, utilizaba los propios remanentes del Ayuntamiento. Sin embargo, nada se ha hecho.
Si el gobierno municipal no puede con unos sencillos aparcamientos, entendemos ahora que el viejo Mercado Municipal no abra nunca, que el Hotel Rural siga siendo de cartón piedra y, también, que el Cine Rosales, llamado a ser el pulmón cultural de la ciudad y perfecto y futuro auditorio, continúe en permanente silencio.
Vivimos tiempos raros caracterizados por la inmovilidad más absoluta y donde la mentira ha encontrado su hueco en un lenguaje retórico y vacío.
Es la “política de espumas” que se practica hoy en todas partes: nos tratan como si no pensáramos ni tuviéramos la capacidad de discernir. Y, sobre todo, creen los políticos que ni siquiera tenemos criterio.
Alfredo Bryce Echenique, el escritor peruano, lo dejó bien claro: “aquí, dándole pena a la tristeza”.
Pues eso.
Foto: Juan FERRERA GIL




































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