La mujer habitada se quedó sola esperando debajo de la manta. Nunca pude terminar el libro que me traía entre manos. Como dice la canción El día que se hizo tarde: “cada noche le esperaba con las misma ganas locas”. Llegaba risueño, eufórico, despeinado, sediento de escucha, del encuentro de nuestros cuerpos, pero por encima de todo lleno de palabras. Y hablaba, reía y leía, y escribía, y volvía a reir. Un día se hizo tarde, demasiado tarde, mientras le esperaba leyendo a Gioconda Belli.
Hacía frío, es de las pocas cosas que recuerdo. La casa era grande como para salir de la cama. Aún así, corrí a buscarlo por donde solía venir. Le llamé, sin respuesta. Le llamé mil veces desde todas las cabinas azules. Le busqué por todas las curvas que conducían al maldito pueblo pero no lo encontré. Una llamada, la policía. Después perdí la cordura.
Pino Navarro Almeida.




























Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.27