El equilibrio y la prestancia de la fachada, ubicada en la calle San Juan, en Arucas, sirve para dignificar no solo el lugar sino, además, para constatar el diseño de un arquitecto y el trabajo de los que construyeron con cabeza y criterio.
Por eso hoy la casa, aunque esté cerrada, empeñada se muestra en aportar un granito de arena a la arquitectura urbana de la ciudad. Las formas dulcificadas de la puerta de entrada habla de un tiempo pasado, de gente con posibles que contribuyó al embellecimiento de la calle y de la ciudad, aunque ahora esté llena de cables interminables que corren por sus paredes y de señales de tráfico que se colocan indebidamente porque hace tiempo que la estética no existe: ha ido a parar a nadie sabe dónde. Y así nos va.
El Patrimonio Histórico de Arucas, apenas dos calles mal contadas, sigue recibiendo leñazos pueriles en forma de atentados diversos. Por eso cuando volvemos a descubrir las viejas fachadas no podemos dejar de mostrar admiración y respeto.
Justo lo que ahora nos falta.






























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