La Plazoleta dedicada al escultor Manuel Ramos, en Arucas, tiene la medida exacta que combina plenamente con el entorno, marcándolo y dulcificándolo, antes de que el resto de las casas se impongan en la calle que baja hacia la Plaza Mayor, digámoslo así, donde el Ayuntamiento también se destaca señalando el lugar.
Sombras y diversos árboles arropan el lugar en el que una palmera irrumpe en el cielo, como rompiéndolo. Parece que todo ha llegado al sitio con el equilibrio perfecto de un acuarelista o con las audaces manos de un escultor, capaz de modelar y moldear la realidad.
A lo mejor es lo que pretendía Manolo Ramos.






























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