Coincidiendo con el inicio de la sexta ola de la pandemia de COVID-19, la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) del Hospital Insular de Gran Canaria sufre un nuevo episodio de saturación. La presión asistencial en este servicio ha obligado ya a ubicar a pacientes críticos en quirófanos o a derivarlos a clínicas privadas. Son los males de la sanidad pública canaria después de casi 30 años de una gestión que ha resultado nefasta y a la vista está.





























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