A pesar del blanco y negro de la imagen, al fondo hay luz.
Una maravillosa luz otoñal que inunda la plaza de Siena; mucho antes de que la pandemia nos recluyera en cárceles privadas. Desconocemos si los locales comerciales que salían al encuentro del turista siguen en su sitio. En cambio, estamos seguros de que el lugar se ha llenado de tranquilidad y ha ganado en lentitud pues su belleza es una garantía constante que desconoce la obsolescencia.
Es Siena un museo abierto en sus calles medievales que descansan en una plaza amplia, circular, como indicando que la rueda del tiempo nunca se detiene. Así se demuestra su carácter.
Volveremos a verla de nuevo. Y a disfrutarla en toda su dimensión. Para que después digan que el tiempo no es circular.
Juan FERRERA GIL





























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