El tenique de mi casa

Opinion

quicoespino2020Paradojas de la vida, algunos de aquellos duelos que tenían lugar en la casa de la familia del difunto, o difunta, allá por los años cincuenta y sesenta, podían llegar a convertirse en una celebración casi festiva.

Sabido es que, en situaciones de este tipo en las que se impone una cierta solemnidad y hay que guardar la compostura, la risa se despierta con facilidad ante cualquier salida de tono, una picardía que se dice al oído, o ante la actitud de las viudas que, según solían gritar, emulando a las plañideras, se quedaban solas para siempre jamás.

-¡Ay, Juan, tenique de mi casa, que te fuiste pa siempre jamás y me dejaste sola en este valle de lágrimas! ¡Ayyyy, Dios mío, que te lo llevaste y me quedo sin sustento!

El sustento y el tenique vienen a cuento porque entonces, salvo excepciones, las mujeres no ejercían otra labor que la de ama de casa y eran los maridos los que traían el jornal, los mantenedores.

Por ello, al quedarse viuda, la esposa recibía obsequios tales como sacos de papas, cajas de plátanos, y todo tipo de alimentos. Tenía reservas de café, garbanzos, judías, lentejas, harina y fideos, entre otros productos, durante más de un año después de enviudar.

Pancho Guerra escribió un parodia relacionada con esos duelos de antes, de la que fueron protagonistas Pepe Monagas y la viuda del difunto, el cual murió el mismo día que cumplía cuarenta años. La mujer repitió hasta la saciedad esa eventualidad y Pepe Monagas, templado como un requinto, terminó apagando las velas que rodeaban el féretro y deseándole un cumpleaños feliz al fallecido.

Eran muy particulares aquellos duelos. Aparte del trajín de las sillas que prestaban los vecinos más cercanos a las familias afectadas por un deceso, siempre había alguien, sobre todo mujeres, que hacían café, chocolate o tila para invitar a los condolientes, en especial por la noche.

Nada que ver con los duelos de ahora, impersonales y fríos, que tienen lugar en los tanatorios. Han cambiado los tiempos y las costumbres y nos resultaría muy raro escuchar a una viuda gritando que se le ha ido el tenique de su casa para siempre jamás.


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