LA BRISA DE LA BAHÍA (44). El universo en una estantería

Juan FERRERA GIL Domingo, 17 de Octubre de 2021 Tiempo de lectura:


Los que solemos tener la dichosa manía de vivir rodeados de historias, bien por las frecuentes lecturas, bien por la consulta diaria de la prensa, bien por la imaginación que no cesa, ofrecemos nuestra mirada personal a un mundo que, en ocasiones, no llegamos a entender.


Universo1

     Ir de un lado a otro y tratar de caer en los detalles que la existencia nos depara; intentar comprender los avisos, tan insinuantes casi siempre; no olvidarnos de los navegantes; observar las veredas estrechas y adivinar el camino a seguir: todo ello vive en las narraciones que encerradas se encuentran en los libros, pero no escondidas como si fueran pequeñas prisiones, sino que se desarrollan en un mundo que se abre y se cierra continuamente. Ese infinito, transformado en juego, se acomoda, tiempo después, en una estantería tras haber anidado en casi todas las estancias de la casa, desde la mesa de la cocina a la de noche, gracias a las manos cálidas del paciente y silencioso lector, que enlaza su gesto con el primero que leyó sin pronunciar palabra alguna. Relatos que, nacidos en la memoria de otros, viven en libertad en las páginas escritas. Por ejemplo, ahora mismo me encuentro en 1851, en Inglaterra, gracias a la privilegiada pluma de Wilkie Collins, donde sus novelas, siempre desconocidas para mí, cada cierto tiempo me alcanzan. Son narraciones dentro de otras: como las muñecas rusas. También convivo con cuatro mujeres empeñadas en labrarse un porvenir después de la Primera Guerra Mundial en Alemania; es decir, leo el pasado pero que para mí representa el futuro de sus protagonistas, que no sé cómo terminará. Ya les contaré. Espero.

      Son los libros armas de construcción masiva que se mueven siempre en momentos nada propicios para la Lírica: dicen que la crisis del libro impreso es permanente. Acaso siempre haya sido así, aunque también estoy convencido de que cada libro elige su cadencia, su ritmo, su “tempo”. Es una inmensa suerte vivir rodeados de tantas ficciones, más que nada porque el tiempo presente se desvanece sin apenas percibirlo y el espacio se difumina como si un delicado trazo fuera de un acuarelista en el lienzo de la vida. Y una forma de atrapar ese universo es con la lectura; que no es cosa cualquiera. Ni baladí.

      Leo en soledad, sí, pero no estoy solo.

      A la vez, intento mantener las cosas verdaderas en su sitio. Pero de eso hablaremos en otro momento.

Juan FERRERA GIL



 


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