Las nubes son el diablo.
Mi madre lo repetía con cierta frecuencia, refiriéndose a la lluvia fuerte. Un día de enero, luminoso y azul, quedó matizado ligeramente por unas nubes blancas que aportaron delicadeza a la mañana: iban y venían, como las olas espumosas del mar que nos rodea. Fue una mañana alegre y con luz propia. Y desde la azotea del Dulcito adquirió la forma que ilustra la imagen.
Llegaron las nubes para cumplir su cometido: realzar y destacar que aquel día de enero se mostraba con personalidad propia y única.
Juan FERRERA GIL





























Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.27