El viejo edificio del Ayuntamiento de Arucas (1875) ha recuperado su color original.
Ahora, la esquina que ocupa resulta más clara pues, al mimetizarse con sus edificios vecinos, ha ensanchado la calle, la Plaza y, sobre todo, la mirada. Ya solo falta que el Mercado Municipal y el Museo acompañen, en esta nueva singladura, tan sabia y correcta decisión. Hace años, cuando Coalición Canaria “reinaba” en la ciudad, mudó de color y, al extenderse la medida por el Casco Histórico, muchas calles se “apagaron” pues, por un lado, el predominio de los días grises y, por otro, la significativa presencia de la piedra de cantería, dejaba de ser el blanco el perfecto mediador y, tal vez, nexo de unión, que animaba todo el conjunto. Y lo realzaba. Por eso está bien, muy bien, que el color que transmite serenidad y sosiego haya regresado, al menos, a la Casa Consistorial. Más que nada porque volvemos a disfrutar de la mirada original: la primera visión, e impresión, de aquellos aruquenses que tuvieron la suerte de vivir su inauguración.
Todo esto es algo más que un gesto: es una señal de respeto y consideración al pasado que se adentra en el futuro.
Ojalá que las autoridades no pierdan nunca las mañas. Ni el norte. Ni se dejen llevar por modas pasajeras que no conocen el arraigo.
Juan FERRERA GIL






























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