En este mundo de progreso, asfalto y atascos interminables, el paisaje va, poco a poco, transformándose para ofrecernos visiones como la de la imagen: nuevas carreteras para llegar antes a la cola y para que la isla luzca más pequeña: o cambiamos la cultura del automóvil o este espacio insular, débil, muy débil, que habitamos no aguantará mucho más.
En estos tiempos de final de la pandemia, todo, o casi todo, ha vuelto a la normalidad: tráfico a todas horas; coches para un lado y para otro, cuando no dando el salto a otras islas, atascos varios y lentitud constante en los desplazamientos. Además, las obras interminables dispuestas siempre a estrechar la calzada.
Si esto es vida, que baje Dios y lo vea.



























Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.27