Risas entre las olas
El embrujo del crepúsculo seduce la mirada.
Prendido en la inmensidad del paisaje, cerré los ojos para concentrarme en el rumor del mar.
De pronto, por unos instantes, me pareció escuchar risas entre el susurro de las olas. Risas sueltas en el agua que se extendieron por los mares y contagiaron al mundo entero.
Me encantó.
Me vinieron a la mente las caras risueñas de la gente que tanto quiero y que tanto quise, los que están y los que se fueron.
Se dibujó una tierna sonrisa en mis labios. Sentí la mirada entre nostálgica y soñadora cuando abrí los ojos.
Los volví a cerrar y alejé la nostalgia. Me quedé con la ilusión (ojalá no sea vana) de que reina en el mundo la armonía, la misma que crea un hermoso atardecer.
El sol se miró en el espejo antes de ir a acostarse, dorando el cielo y una perfilada franja de mar. El vaivén de sus aguas mecía el velero anclado en la bahía.
Al ponerse, el sol bostezó rayos de fuego que la oscuridad fue apagando.
Las nubes cubrieron el mar, el cual perdió sus colores oro y plata. Pero su rumor seguía sonando.
Y de nuevo me pareció escuchar risas entre las olas.
































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